martes, 22 de marzo de 2016

Buen Perro



Iván es un buen perro atormentado por pesadillas de conejos y gallinas, cuya vida cambia al unirse a una orgullosa jauría de perros callejeros nómadas decididos a ejercer su independencia. Pero esa "libertad" alejada de la vida doméstica conlleva un precio: respetar la política de la jauría, esquivar a furiosos dueños de perros y enfrentarse a exhibiciones rituales de machismo.
Desde Rebelión en la granja y La colina de Watership no encontrábamos animales que reflejasen tan hábilmente las vicisitudes de la experiencia humana.



Lo reconozco, es ver en portada a un perro, o saber que un libro o cómic trata sobre las aventuras de un can y sé que tarde o temprano tendré que leerlo. En Buen perro me he encontrado con un pedazo de la vida, y vicisitudes, que debe atravesar un perro callejero de nombre Iván. A través de sus ojos descubriremos que vida llevan los animales con dueño y lo que es unirse a un grupo de perros nómadas que se las apañan sin la ayuda de los humanos.
Graham Chaffe, tatuador profesional, es el autor y dibujante del cómic. Y sabiendo que su oficio es más el de dibujar sobre piel humana se entiende esas ilustraciones de sombra remarcada. El diseño de alguno de los animales que pululan por el cómic bien podrían estar tatuados en el bicep de un marinero errante. Así pues el dibujo, sin ser una maravilla, es correcto.


 
Por otro lado está la historia, la cual compararla, como hacen en la sinopsis, con Rebelión en la granja o La colina de Watership, me parece bastante presuntuoso. Buen perro es más como una película de Disney a la que le han dado luz verde para subir un poco, sólo un poco, el nivel de violencia. Y la verdad es que tanto el desarrollo como el final, en el que prácticamente no pasa nada, me han dejado bastante indiferente.



La edición por parte de Ediciones la Cúpula es bastante correcta, pero resulta chocante lo cutre de la portada, a diferencia de la ilustración de la contra que es mucho más atractiva. Cierto es que no se les puede echar nada en cara ya que han respetado en su totalidad la edición original.



Buen perro es un quiero y no puedo; pretende mostrarnos como funciona la psique humana a través de animales pero sin llegar a echar toda la carne en el asador. Falta más osadía. Al final queda una historia de animales bastante descafeinada.

sábado, 19 de marzo de 2016

Los Wrenchies



Sherwood y Orson jamás deberían haber entrado en esa cueva. Aquel día se abrió una puerta entre nuestro mundo y una realidad profana y oscura… y el destino de la tierra cambió para siempre.
En ese futuro demente, cuanta forma de vida permanece sobre la faz de la tierra se halla oprimida por los diabólicos Hombresombras. Solo una pandilla de chavales vigorosos y despiadados que se hacen llamar Los Wrenchies puede aspirar a hacerles frente. Hollis, por su parte, es un chico solitario de nuestro mundo que encuentra el lugar al que pertenece cuando se ve mágicamente transportado al futuro de Los Wrenchies. Pero no se trata de un lugar donde la vida sea sencilla, y el desafío al que Hollis debe hacer frente resultará mucho más amplio de lo que nunca hubiera esperado.



Los Wrenchies es la historia de un grupo de chavales que vive en una especie de futuro en el que por la Tierra vagan extraños hombres, muertos vivientes, insectos y algún que otro ser extraño más. Deberán luchar contra todos y además intentar salvar el mundo de la destrucción. Una historia bastante típica, ¿verdad? Pues no se acerca ni remotamente a ese adjetivo porque el cómic escrito y dibujado por Farel Dalrymple es una metáfora, muy enrevesada, sobre lo que significa crecer, o más bien sobre lo que significa crecer y no querer aceptarlo. Es algo así como Peter Pan colocado de anfetaminas y borracho. Porque un poco es la sensación que da, que el autor se ha automedicado más de la cuenta, que ha tenido un viaje muy chungo y que nos ha hecho participes de él. Y en cierto modo hay que agradecerlo, porque la historia es alucinante, llena de extrañas aventuras y raros personajes, con un dibujo de trazo cuidado asombroso y con un colorido que te dejará perplejo. También es cierto que la historia es compleja, pero mucho.


 
Por la metafísica y la metamagia, y otros metas más puede recordar a algunos cómics: como por ejemplo el Alef-Thau de Arno y Jodorrowsky o El Incal de Moebius; pero sin duda Los Wrenchies tiene su sello personal, con esa forma de narrar, que llega a ser un poco desconcertante, mostrando varias lineas temporales o por ese dibujo tan repleto de detalles.



Los Wrenchies es un cómic tan extraño como fabuloso, con una historia algo confusa que ni siquiera con una segunda lectura llega a desentrañarse del todo, pero que te transporta a un mundo tan mágico como tenebrosamente oscuro.

lunes, 14 de marzo de 2016

Crónicas Marcianas




Esta colección de relatos recoge la crónica de la colonización de Marte por parte de una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción. Los colonos llevan consigo sus deseos más íntimos y el sueño de reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero su equipaje incluye también los miedos ancestrales, que se traducen en odio a lo diferente, y las enfermedades que diezmarán a los marcianos. Conforme a su concepción de lo que debe ser la ciencia ficción, Bradbury se traslada al futuro para iluminar el presente y explorar la naturaleza humana. Escritas en la década de los cuarenta, estas deslumbrantes e intensas historias constituyen un canto contra el racismo, la guerra y la censura, destilando nostalgia e idealismo.
Ray Bradbury se consolidó como escritor con esta obra, ahora un clásico de las letras norteamericanas, con su estilo rico, inmediato y conmovedor, que le ha valido el apelativo de poeta de la ciencia ficción



La raza humana lo ha hecho varias veces: Llegar a una tierra desconocida buscando un sueño y convertir la vida de los que colonizaban en una pesadilla. Ray Bradbury traslada ahora a la raza humana a Marte, el problema es que traen enfermedades, miedos y demasiados prejuicios.
En Crónicas Marcianas Bradbury elabora, gracias a varios relatos que va enlazando, una historia repleta de soledad, de personajes ricos en matices y de prosa poética que nos llevará a un planeta rojo que poco tiene que ver con lo que nos muestran la mayoría de novelas de ciencia ficción. 



Sorprenden esas historias que recuerdan a un western pero en una versión futurista, con vaqueros que intentan sobrevivir y a la vez salvar a los marcianos. O esos lugares que recuerdan a un pueblecito norteamericano pero ubicado en la roja tierra de Marte, en el que sus habitante lo mismo se enamoran, manteniéndolo en secreto, de un marciano, que los aniquilan por efecto de enfermedades o por su propia mano. Pero Bradbury también nos muestra como se las apañan para sobrevivir a ese nuevo mundo los poco marcianos que quedan; es en esos relatos donde asistiremos, tal vez, a los capítulos más triste de esa aventura llamada colonización. Si bien es cierto que son relatos que, a priori lo único que tienen en común es el lugar en el que transcurren, hay algunos que repiten personajes que con los años irán madurando, cambiando de pensamientos a medida que envejecen.
Crónicas Marcianas es un clásico de esos que se lee con placer y que una vez acabado deja buen regusto. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Ready Player One



Estamos en el año 2044 y, como el resto de la humanidad, Wade Watts prefiere mil veces el videojuego de OASIS al cada vez más sombrío mundo real. Se asegura que esconde las diabólicas piezas de un rompecabezas cuya resolución conduce a una fortuna incalculable. Las claves del enigma están basadas en la cultura de finales del siglo XX y, durante años, millones de humanos han intentado dar con ellas, sin éxito. De repente, Wade logra resolver el primer rompecabezas del premio, y, a partir de ese momento, debe competir contra miles de jugadores para conseguir el trofeo. La única forma de sobrevivir es ganar; pero para hacerlo tendrá que abandonar su existencia virtual y enfrentarse a la vida y al amor en el mundo real, del que siempre ha intentado escapar.



Ready Player One debe ser la novela con más alusiones a la cultura pop de los 80 de las historia. Y es que al morir el creador de OASIS, la realidad virtual al que todos están enganchados, deja tras de sí una fortuna multimillonaria que heredará aquel que encuentre el "huevo de pascua"; algo que sólo conseguirán aquellos que dominen a la perfección el tema que el creador más amaba: Los años 80 y toda la cultura pop de la época.



He de reconocer que me leí casi la mitad de la novela prácticamente del tirón. La historia me enganchó desde las primeras páginas y aunque ni el protagonista, ni sus colegas, son unos personajes a los que cogiera mucho cariño, realizaban bien su función de transportarme a un mundo tan alucinante como cargado de nostalgia. La prosa tampoco es sublime, pero cumple con creces a la hora de mostrar escenas de acción. El autor no se anda con rodeos ni con metáforas y utiliza un lenguaje directo y ameno. Lo que sin duda hizo que cayera rendido, por lo menos al principio, ante Ready Player One eran todas esas alusiones a una época que yo también había vivido. Una época cargada de buenas películas, buena música, y de la edad de oro de los videojuegos.



Cazafantasmas, Star Wars, Star Trek, Atari, Dungeon & Dragons, Regreso al Futuro, Legend, Ultraman, Aple II, etc, son algunos ejemplos de la cultura de esa época que el autor utiliza y la hace formar parte de su historia insertándola en ese mundo virtual llamado OASIS, tocando de esta manera la fibra sensible y nostálgica del lector.
Pero llega un momento que empacha, ya que no hay página en la que no hable sobre aquella película, aquel videojuego o tal grupo de rock. Incluso el sistema de aventura para hacerse con el "huevo de pascua" se vuelve repetitivo y falto de emoción. Si bien es cierto que la batalla final goza de gran épica. 

El autor con un Delorean. No me lo hubiera podido imaginar ni en mil años...


En cierto modo he echado de menos más historia fuera de OASIS. Más historia en el mundo real que Ernest Cline sólo nos deja entrever ( y que tiene muy buena pinta), y menos en ese mundo virtual que es un corta y pega de los 80.
Sin duda Ready Player One es un libro del que disfrutarás mucho si además de friki te apasiona la cultura, y dominas, de los 80. Sino seguramente no encontrarás la gracia a muchas de las alusiones que se hacen en él.