jueves, 20 de diciembre de 2018

Fahrenheit 451


Guy Montag es un tipo normal que trabaja como bombero. Ese tipo de bomberos que buscan libros prohibidos para quemarlos. “Era un placer quemar. Era un placer especial ver las cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas.” Montag disfruta con su trabajo pues sabe que hace un bien a la comunidad, pues desde niño le inculcaron el camino a seguir para ser un ciudadano de bien. A Montag le encanta su vida, le encanta su fría y desapasionada relación con su mujer que se tira todo el día viendo extraños programas en el gigantesco televisor y le encanta no tener que pensar, que otros lo hagan por él le parece bien. Pero entonces un día conoce a Clarisse McClellan una vecina nueva. Ésta apenas cruzará unas cuantas palabras con él pero serán decisivas para que Montag empiece a replantearse y a dudar de todo en lo que creía. Y entonces Montag roba un libro y empieza a leerlo, algo terminantemente prohibido en la sociedad en la que vive.



Cuando Fahrenheit 451 se publicó en 1953 la Segunda Guerra Mundial todavía era un recuerdo fresco y doloroso en la mente de todos. Está claro que Ray Bradbury tomó mucho de aquellos primeros compases de la guerra, en la que los nazis quemaban libros como medida represora, para crear su novela. El mundo distópico que el autor perfila con maestría (oscuro, insensible e implacable) no es más que un reflejo de aquel mundo en guerra del que muchos fueron testigos; es más, parece que Bradbury nos lleve más allá y nos enseñé un lugar en el que lo nazis ganaron la guerra, implantando un gobierno totalitario preocupado por controlar las masas mediante los medios de comunicación y despiadado con aquellos ciudadanos que deciden tener ideas propias y en contra del gobierno.



A través del bombero Guy Montag asistiremos a la lucha interna del que descubre que todo lo que le rodea es una mentira. Gracias a esto la novela que empieza siendo puramente de ciencia ficción llega a tener toques de thriller cuando los antiguos compañeros del protagonista lo marcan como ser irreverente que debe ser eliminado a toda cosa, emprendiendo así una despiadada persecución por toda la ciudad.



Resulta curioso, además de triste, descubrir todas esas cosas que Ray Bradbury describió (vaticinó, tal vez) en aquel momento y que a día de hoy se han materializado como realidad. Con todo, me quedo con esa tecnología, entre vintage y moderna, que el autor describe con esa prosa delicada, deliciosa y casi poética, y que recuerda a los viejos pósters de películas de ciencia ficción de la época. Incluido ese perro robot que a más de uno le recordará a los fabricados actualmente por la compañía de ingeniería y robótica Boston Dynamics.



Fahrenheit 451 es uno de esos clásicos de obligada lectura, con una historia que no es solamente apasionante sino que además resulta una crítica brutal a todos esos gobiernos represivos. A pesar de lo oscura que es la obra y de ese aire casi derrotista, también es una brillante oda a la libertad de expresión y a todas esas luchas que nos acercan a un mundo más libre.
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.”


jueves, 22 de noviembre de 2018

Sadboi


El arte, una vez abandona las disciplinas más habituales como son la pintura, la música o la escultura, una vez traspasa esa frontera en la que un libro en blanco abierto de par en par, un camastro herrumbroso colgando del techo o una guitarra eléctrica siendo arrastrada por el suelo es considerado arte, muta su finalidad comunicativa y se diluye en un sinfín de mensajes complejos y confusos. Una toalla blanca bien dobladita sobre una mesa, ¿es arte? Una piedra junto a otra de menor tamaño, ¿es arte? Recortar pedazos de una guía de viajes y hacer una pelota con esos recortes, ¿es arte? Los límites de la creación son insospechados, y en ocasiones un timo, y con esta máxima Berliac, el autor del cómic que hoy nos ocupa, nos plantea una pregunta: ¿la delincuencia puede llegar a ser arte?




Sadboi es un delincuente juvenil, un muchacho que cruzó el mar en busca de una vida mejor y solo encontró el despreció de muchos y el beato paternalismo de otros. De familia de acogida en familia de acogida el destino de Sadboi se entremezclará con el del arte. Viendo una oportunidad en este inesperado giro del destino, Sadboi intentará volcar todas las experiencias vividas en su corta vida en montar una performance que no dejará indiferente a nadie.



Berliac es un ensayista, escritor de historias cortas y creador de cómics nacido en Argentina. Berliac también es un gaijin mangaka, o lo que es lo mismo, un autor de mangas que no es natural de Japón. En Sadboi Berliac muestra un dibujo limpio y de línea gruesa que prescinde prácticamente de sombras para dotar de más luminosidad al conjunto. Su estilo toma mucho del gekiga (manga de los años 60 en el que las expresiones de los rostros eran de vital relevancia) y un poquito del pop art. Con esta mezcla, y con una falsa apariencia de simplicidad, Berliac dota a su historia, sobre todo a partir de los rostros de los personajes, de un dramatismo que va in crescendo hasta ese extraordinario momento de clímax que es la performance del final.



Con Sadboi (publicado por Sapristi Cómic) el autor no solo nos muestra el complejo, en ocasiones confuso, a veces tramposo, lenguaje del arte moderno, sino que nos muestra que hay entre bambalinas, cómo se crea una obra y por qué el artista decide llevarla a cabo; a pesar de que ésta pueda llegar a ser un fraude. El protagonista, gamberro algo naíf que se escuda tras una faz de tipo duro, se torna en inolvidable a medida que vamos conociendo toda su trágica historia. Y mediante ese puzzle de recuerdos, Berliac construye una compleja y profunda crítica sobre la integración de los inmigrantes, los esfuerzos que estos llegan a hacer y dónde les lleva su futuro si al final fracasan.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Breve crónica de un día en el XXIV Salón del Manga de Barcelona




Que El Salón del Manga de Barcelona bata su récord de visitantes cada año se ha convertido en algo habitual; ha pasado a ser algo tan usual como ver a cosplayers paseando con sus magníficos disfraces o probar alguna de las delicias del país nipón que se sirven en la zona de comida japonesa. La edición XXIV del Salón del Manga ha superado la cifra de 150.000 visitantes, una cifra todavía más relevante si tenemos en cuenta que este año contaba con un día menos.


Exposición de kimonos


Lo primero que llamó mi atención, una vez traspasada la puerta de entrada y tras conseguir el folleto que me guiaría por el salón, es el nombre o rebranding de algunas zonas. Sirva de ejemplo el denominado hasta entonces Taller de gastronomía japonesa y que ahora ha pasado a ser conocido como Nihon Ryori, cocina japonesa en japonés. A ese cambio de nombre había que añadir también el cambio de ubicación. Así que, mientras el año pasado todo lo relacionado con la comida estaba en el Pabellón 1 este año estaba ubicado en el Pabellón 2.1. Un movimiento de stands y talleres que en algunos casos (como el anteriormente mencionado) han resultado un acierto, pero que en otros, como por ejemplo los talleres que habían sido desperdigados por todo el salón, daba lugar a cierta confusión.



Pero vayamos al asunto. Y el tema era que la comida manda. Por ello lo primero fue asistir al Taller de Agemono: tempura, kakiage, furai y tonkatsu, a cargo del chef Julio López, y presentado, como no podía ser de otra forma, por Roger Ortuño, creador de la web ComerJaponés.com. El taller resultó una interesante clase de cocina en la que el chef encargado nos mostró el tipo de frituras que caracteriza a la cocina japonesa; no sin antes hacernos una breve clase de historia para descubrirnos por qué los japoneses aman tanto este tipo de delicada forma de freír verduras, carnes y pescados.

Torneo de volleyball




Reconozco que necesitaba ubicarme, descubrir dónde estaban las zonas que antes sabía a la perfección el lugar en el que se encontrarían. Nada mejor que un paseo, reconocer el terreno y ver qué se cocía en cada pabellón.



En el P.2 se hallaba todo el merchandising, la zona Manga Kids para los más peques de la casa y la zona Manga Sport, un lugar en el que se podían jugar torneos de volleyball, de ping-pong o de básquet o ver exhibiciones de Judo, Kendo o Jiu-jitsu. ¿Quién dijo que ser otaku estaba reñido con ser un buen deportista?




En el P.1 se encontraban todos los stands especializados en manga. Orden, un mejor aprovechamiento del espacio y menos stands conseguían que incluso en las horas de más aglomeración hubiera espacio para pasear y oxigeno que respirar.



Como todavía faltaban unas horas hasta la hora de comer decidí visitar las exposiciones. Entre todas ellas destacaba Lenguaje, objetos y bestias; una exposición que por primera vez dejaba su lugar de origen para plantarse en Barcelona, y todo gracias al Japan Media Arts Festival. En ella se mostraba la humanización en diferentes medios (cómic, televisión, fotografía, etc) de animales y objetos. Una curiosa, y en ocasiones muy alternativa, muestra de en las que destacaban el manga de Beastars de Paru Itagaki y el Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido.







Siguiendo mi ruta disfruté de las grandísimas ilustraciones del autor Dani Vendrell (más conocido como Vandrell), de la exposición de los autores de Escola Joso, de los impresionantes dibujos de la ilustradora natural de LLeida Marta Salmons, del arte conceptual de Gris (el primer videojuego creado por Nomada Studio) y de las magníficas figuras de Tamashii Nations.

La Zona Nintendo ubicada en el Palacio 2


Y de las exposiciones a comer, cruzando por Plaça Univers donde la cantante Nana Kitade lo estaba dando todo ante sus fans. Y es en ese momento cuando me di cuenta que todavía siguen faltando mesas; muchas. Porque no deja de ser raro, e incómodo, tener que comer sentado en el suelo. Y porque es extraño que en la zona de comida japonesa no hubiera ni, al menos, una fila de mesas. Las cuales no hubieran molestado en ningún momento a la normal circulación de gente que intentaba comprar algo que echarse a la boca.



Y tras llenar el buche ¿qué mejor que asistir a una degustación de curry japonés? El encargado era Keita Tanaka. Tan rico como picante.

Una hora después estas bolas serían darumas


Bien, todo no va a ser cocina, así que para acabar qué tal si creo mi propio daruma. En el pabellón 2 se encontraba la Nihongo Experience donde Espai Daruma, expertos en cultura japonesa, podían ayudarme.

Los dinosaurios también lo petan en el salón del manga


Tras cruzar las puertas del Salón del Manga de Barcelona tengo sentimientos encontrados: por un lado tengo la sensación de que han desaparecido algunas cosas y que algunas de las que han sobrevivido todavía no tenían un emplazamiento definitivo y definido. Por otro lado, he de reconocer que se paseaba mejor, que no había aglomeraciones y que algunas de las novedades definen mejor el espíritu del salón. Ahora ya solo puedo pensar en los 25 años que cumplirá El Salón del Manga de Barcelona el año 2019 y que espero celebren por todo lo alto.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Nijigahara Holograph




Inio Asano es un mangaka que sabe describir a la perfección las diferentes etapas de la vida humana, siendo especialmente sobresaliente en aquella en la que más hincapié suele hacer: la adolescencia. Ya lo hizo en El fin del mundo y antes del amanecer al mostrarnos su pericia a la hora de que el lector quedará atrapado por un puñado de relatos que entrecruzaban las mediocres vidas de diferentes personajes. Unos relatos que mostraban una falsa apariencia de simpleza pues, a medida que avanzábamos en el manga, Inio Asano iba profundizando paulatinamente hasta alcanzar un relato con gran carga filosófica. 


En Nijigahara Holograph Asano vuelve a esas historias de cariz intimista, a ese slice of life que con tanto mimo va construyendo, aunque esta vez el puzzle está totalmente desordenado y el lector debe aceptar el desafío de montarlo a medida que va leyendo. Además, esta vez, el relato aúna también un poco de terror psicológico, misterio y podría decirse que hasta fantasía. Y es que la historia se inicia con un terrible y cruel asesinato: la madre de una de las niñas de la escuela aparece muerta en un túnel oscuro y abandonado. Un asesinato que dará pie a alimentar leyendas de fantasmas que habían permanecido en letargo además de revelar el lado más oscuro del ser humano; sobretodo el de los niños, que deciden que la única forma de aplacar a los fantasmas es realizando un sacrificio.



A partir de ese inquietante inicio todo se vuelve extraño, casi onírico, a la vez que mundano y habitual. Hallaremos en las páginas de este manga, excelentemente editado por Milky Way, desde terribles asesinatos pasionales, escenas de bullying o de suicidio juvenil hasta situaciones de reconciliación, de amor puro y de sacrifico. Lo mejor y peor del ser humano se dan cabida en Nijigahara Holograph.



Resulta harto complicado explicar de qué va realmente este manga sin desvelar algún punto clave, pero sí puedo comentar que el concepto del efecto mariposa llega a tomar vida en su forma holística de un modo casi literal. Así pues, las acciones que algunos personajes realizan repercutirán de una forma u otra en las vidas de otros. También se hace mención a la paradoja de la mariposa del filósofo Chuang Tse: “soñé que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era un humano que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era un humano.” Una fábula en la que el pensador intentaba explicar cómo los sueños pueden alterar nuestros estados de conciencia hasta el punto de incluso modificar las leyes del espacio-tiempo.



Sí ahora mismo estáis pensando que lo que vais a encontrar en Nijigahara Holograph es una paranoia, no vais errados. Una paranoia que te obliga a releer, a tener la sensación de que eres capaz de desenredar la maraña, de casi encajar las piezas… un momento de revelación que dura unos pocos segundos, para luego descubrir con desconcierto que todo vuelve a ser un complejo batiburrillo. Un revoltijo que resulta una maravillosa y retorcida metáfora de la reconciliación de uno mismo con sus diferentes yos, algo que al final solamente se consigue con la perspectiva que otorga el paso de los años.