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jueves, 6 de agosto de 2015

Andanzas de un hombre en pijama




Tras Memorias de un hombre en pijama (Astiberri, 2011), Paco Roca propone un nuevo recopilatorio de sus colaboraciones quincenales en la revista El País Semanal, que incluye además una historieta inédita de 12 páginas. El creador valenciano demuestra de nuevo su más acentuada vis cómica y capacidad de observación al poner en su punto de mira la vida cotidiana de un cuarentón que por fin ha conseguido su sueño infantil de quedarse en casa todo el día con el pijama puesto.



En Memorias de un hombre en pijama ya conocimos el alter ego de lápiz y tinta de Paco Roca, descubrimos que había hecho realidad su sueño: trabajar desde casa y pasarse todo el día en pijama. Pero, a pesar de ello, tenía sus inquietudes, miedos y problemas. En definitiva era como cualquiera de nosotros. Y todo ello lo contaba con mucho humor; un humor fresco, sin forzar situaciones y consiguiendo que te sintieras identificado con casi todas las tiras de una u otra forma. 
Con Andanzas de un hombre en pijama Paco Roca vuelve a la carga, pero esta vez con un tono mucho más reivindicativo, y diría que hasta con un poco de mala hostia (justificada, eso sí) en más de una ocasión. Así pues no podréis para de reír mientras el autor intenta darse de baja de su compañía telefónica. O al descubrir que detrás del aeropuerto de Castellón se encuentra algo más que el choriceo político y una gestión nefasta. Pero el autor también toca temas más mundanos, como las relaciones de pareja, las vacaciones ( y su trauma con dar un estirón y poder vacilar en el cole de ello en septiembre), el corte de digestión unido al miedo a volar (un combo brutal) o como criar un hijo y no morir en el intento.



La verdad es que Andanzas de un hombre en pijama se lee, y se ríe, de un tirón, diría que con una hora y poco es más que suficiente, y es que es algo más cortito que Memorias, tal vez, poniéndome toca narices, esa sea la única pega que pueda encontrarle a este genial álbum. 

jueves, 2 de octubre de 2014

Los surcos del azar



A través de los recuerdos de Miguel Ruiz, republicano español exiliado en Francia, Paco Roca reconstruye la historia de La Nueve, una compañía a las órdenes del capitán Dronne integrada en la segunda división blindada del general Leclerc, y formada mayoritariamente por republicanos españoles. La mayoría de los hombres que componían la Nueve tenían menos de 20 años cuando en 1936 cogieron las armas por primera vez para defender la República española. Ninguno sabía entonces que los supervivientes ya no las abandonarían hasta ocho años después, y que en la noche del 24 de agosto de 1944 serían los primeros en entrar en París. Los carros de combate llevaban, en el morro y en los flancos, nombres sorprendentes: Madrid, Don Quichotte, Guadalajara, Ebro o Guernica. Los soldados se apellidaban Granell, Campos, Fábregas, Royo, Pujol... Ellos encabezarán el desfile de la victoria del día 26 por los Campos Elíseos. Sin embargo, no lograrán su máxima meta de ver España libre del franquismo.



El alter ego de Paco Roca, el autor de este cómic, viaja hasta Francia para entrevistar a un veterano de la guerra civil española. Un veterano algo cascarrabias y solitario que a pesar de ser algo reticente al principio en contar sus vivencias poco a poco se irá abriendo para revivir una historia que tristemente ha quedado en manos del olvido. 
Paco Roca mezcla con astucia su ¿falso? viaje a Francia con viñetas sin encuadre y de tonos grises, con otras a todo color que son los recuerdos de Miguel Ruiz, el veterano de guerra. Esos recuerdos tomaran como punto de partida el puerto de Alicante con la llegada del Stanbrook, un barco que salvaría a muchos republicanos de un futuro incierto a manos de los fascistas que ya habían ganado la guerra, pasando por un inhóspito desierto de África y acabando con una Francia liberada del yugo nazi.



El dibujo de Paco Roca sigue con ese toque de rostros minimalistas repletos de expresión, y paisajes , lugares o vehículos recreados con todo lujo de detalles. A elogiar también esa narración fluida, cargada de sentimientos y dureza que sin necesidad de escenas explicitas es capaz de que en las primeras 40 páginas se te encoja el corazón y el alma quede hecha un guiñapo. Y es que Paco Roca no enseña, solo muestra, en ocasiones con una sola viñeta, encendiendo de esta manera la imaginación del lector para que éste rellene el espacio más cruel que falta.
Los personajes, esos soldados de la Nueve, cada uno con su personalidad, además de esos diálogos, tan reales como creíbles, y en ocasiones cargados de humor, dan otro punto de calidad a la obra.



Los surcos del azar además es sin duda un gran trabajo de documentación; trabajo exhaustivo que Paco Roca realizó durante años para poder brindar no solo unos de los mejores cómics españoles (¿tal vez incluso europeo?) de los últimos tiempos, sino también un libro de historia que debería ser obra obligada de estudio en colegios e institutos.


viernes, 27 de julio de 2012

Memorias de un Hombre en Pijama


Paco Roca, ganador del premio nacional del cómic de 2008 por su obra Arrugas, aborda la vida cotidiana de un cuarentón que por fin ha conseguido su sueño infantil: quedarse en casa todo el día con el pijama puesto. Con una considerable carga autobiográfica y un referente en la serie televisiva Seinfeld, el autor valenciano apela más a la sonrisa que a la carcajada. Estas Memorias de un hombre en pijama, donde en ocasiones también tienen cabida reflexiones de corte más serio, describen en todo caso a Paco Roca como un atento observador de comportamientos propios y ajenos.

Entre mayo de 2010 y julio de 2011, semanalmente, algo nuevo, fresco y divertido llegó al diario Las Provincias. A modo de tira cómica y siempre con doce viñetas Paco Roca explicaba las aventuras y desventuras de un hombre que roza ya la cuarentena. Memorias de un hombre en pijama recoge todas esas tiras cómicas en un álbum de tapa dura. Cada dos páginas de dicho álbum son una pequeña historia/ reflexión.
Paco Roca se supera de nuevo, con un guión divertido pero sin llegar a la burla (algo normal en él)  ni buscar la risa fácil, haciendo pensar al lector y hasta en algún momento meditar ( al verse muy reflejado en lo que cuenta). Con un toque de crítica social (lo justo) y un puñado de autocrítica. Todo con una narración que puede recordar a un monólogo o a un paciente que está siendo psicoanalizado (quizá una mezcla de los dos). Y siempre contando historias simples, cotidianas. Historias que a cualquiera le pueden pasar, y más cuando tu edad ronda entre los treinta y pocos y los cuarenta.
¿Y del dibujo que podemos contar? Pues lo de siempre. Paco Roca tiene un estilo propio que gusta. Por esas caras simples pero repletas de gestos (brillante su autocaricatura con esos ojos saltones tan expresivos). Por esa variada gama de colores que al bañar una viñeta entera otorga sentimiento propio a ésta. Por esos pequeños detalles que esconde en las viñetas y que inevitablemente lo descubren como el genio que es.

Memorias de un hombre en pijama pone de manifiesto que Paco Roca domina el género del humor fino e inteligente de una manera soberbia. Y posiblemente tras Arrugas sea (a mi humilde parecer) una de sus mejores obras. 
Un cómic que si no eres fan de Paco Roca debes leer, y si lo eres en tu estantería debes tener. 

viernes, 18 de mayo de 2012

El invierno del dibujante

En la España de 1957 ser historietista era un oficio. No eran artistas, eran obreros de la viñeta. Cobraban a tanto por página (o por viñeta), trabajaban a destajo, siguiendo unos patrones establecidos e inamovibles. Renunciaban a sus originales y a sus derechos de autor a cambio del dinero cobrado. Pero en ese 1957 ocurrió algo que quebró la monotonía y sembró la esperanza. Cinco extraordinarios historietistas, famosos por sus personajes, osaron rebelarse.


Somos muchos los que crecimos leyendo las historietas (que no cómics) de la editorial Bruguera. Disfrutando de unos personajes que caminaban por las viñetas haciendo reír y llenándonos de curiosidad por saber quien se escondía tras la mano que con pulso firme los dibujaba. ¿Quienes eran Francisco Ibañez, Josep Escobar, Vázquez, Victor Mora, etc? 
Paco Roca tenía esa curiosidad, así que decidió quitarse esa espinita y al conseguirlo, al descubrir lo que se escondía tras las bambalinas de un teatro demacrado absurdo y repleto de esperpentos que era la España de la dictadura, llegó a la conclusión que debía compartir el conocimiento


Y así llegó El Invierno del Dibujante.

Con un dibujo ya característico (rostros redondeado con pocos detalles pero con personalidad en contraste con escenarios de un detallismo y realismo inigualable) no sólo nos relata en esta historia las peripecias de los historietistas de la época en si, si no que es esa época la que marca el ritmo y el compás convirtiéndose en la protagonistas.
Si hay algo que se deba remarcar de El Invierno del Dibujante es el realismo; de tal calidad y veracidad que más que un cómic es un documento sobre aquellos tristes años que vemos reflejados en cinco dibujantes (Escobar, Cifré, Peñarroya y Conti) que decidieron luchar por una libertad que no existía y perdieron. Aunque desde el punto de vista de Paco Roca, y narrando muchas veces más a través de las imágenes que del guión, los ganadores no se llevan trofeo y los vencidos no son los perdedores.
Color azulado para invierno

Una historia con estaciones y colores.

En una historia tan "simple" no cabría esperar ninguna sorpresa. Pero la hay. Y es agradable ver que el autor no ha tirado por el camino fácil, evitando narrar de formar lineal y saltando hacía adelante y hacía atrás en el tiempo, moviéndose por las estaciones. Estaciones que vienen representadas por unos colores que tintarán toda la página y que sirven como un maravilloso engaño visual para el lector.
Color amarillento para finales de verano


El Invierno del Dibujante es una gran historia. Realizada con cariño y afecto, algo a lo que nos tiene acostumbrado el autor. Con  un humor respetuoso y con unos personajes carismáticos (a tener en cuenta al granuja de Vázquez).
Lo peor de esta historia es que el tema o la pausada narración no te guste; aún así deberías darle una oportunidad y leer al menos una estación.

martes, 3 de abril de 2012

Reseña doble: Arrugas vs Las Calles de Arena

Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, es internado en una residencia de ancianos por su familia tras sufrir una nueva crisis de Alzheimer. Allí, aprende a convivir con sus nuevos compañeros -cada uno con un cuadro "clínico" y un carácter bien distintos- y los cuidadores que les atienden. 
Emilio se adentra en una rutina diaria de cadencia morosa con horarios prefijados -la toma de los medicamentos, la siesta, las comidas, la gimnasia, la vuelta a la cama...- y en su pulso con la enfermedad para intentar mantener la memoria y evitar ser trasladado a la última planta, la de los impedidos,cuenta con la ayuda de Ernesto, su compañero de habitación... 









Las calles de arena es] una vertiginosa e inquietante parábola entre Kafka y Dostoievski, Melville y Poe; un cuento que impide dormir. Es la confirmación de un gran autor. Hace falta estar muy atento al escoger la calle correcta para llegar a una cita cuando ya se va con retraso: un error puede resultar fatal.







Arrugas
La historia de Arrugas es difícil de describir sin caer en tópicos: emotiva, con toques de humor, con personajes que evolucionan... Pero Paco Roca va más allá al contarnos el relato con un dibujo muy intimista (quizá el más intimista de su carrera). Evitando recargar de detalles las viñetas, fijando la atención en el primer plano en el que con mimo cuidará al protagonista de dicha viñeta y utilizando una gama de colores que otorga a la historia ese aura de recuerdo imborrable.

Magistral la forma de recrear como perciben la realidad esos "chiflados" pero maravillosos ancianos. Tanto los que sufren demencia senil (viajando a sus recuerdos de antaño repletos de coloridos muy vivos) como a los que sufre alzheimer (viendo como se borran caras de personajes hasta quedar sólo un simple trazo o incluso observando como páginas enteras se esfuman).

Pero lo increíble de esta historia es la forma de narrar que tiene el autor. Contando una historia de una verosimilitud que pone los pelos de punta, obligando al lector a parpadear para evitar que las lágrimas le empañen la vista, como si fuera una batalla épica. Y en cierto modo, pensando fríamente, lo es.
Así pues Paco Roca es un cronista que con imágenes repletas de ternura, humor y con personajes que evolucionan nos contará la terrible batalla que libran  los ancianos contra un enemigo implacable. Una batalla que tarde o temprano, todos libraremos.
Y no está de más que alguien nos conciencie, para que nunca olvidemos que esas personas que ahora nos parecen un estorbo siguen siendo nuestro padre, tía, abuelo, esposa...



Las Calles de Arena
Las calles de arena es el viaje que emprende un joven al perderse por el barrio antiguo de su ciudad. Su pasos lo llevarán hasta el hotel La Torre. Un hotel repleto de personajes pintorescos y raros que se mueven por una lógica que poco tiene que ver con el mundo real y que aunque intentan ayudarle a salir del barrio lo único que logran es que pierda la esperanza de escapar de esa pesadilla.

En Las calles de arena Paco Roca nos lleva al país de los sueños sin tener que cerrar los ojos. Nos embarca hacía un mundo absurdo que con el tiempo tiene más lógica que el nuestro propio.
Paco Roca realiza un diseño realista de personajes sin dejar de darles ese puntito de extravagancia. Cada personaje está encerrado en su propia "realidad" empecinado en llevar a cabo una tarea harto repetitiva que no lo deja avanzar. La llegada del protagonista desbaratará los planes de todas estás personas obligándolos a que se planteen un cambio de vida.

Los escenarios que el dibujante nos presenta son preciosistas, repletos muchas veces (exteriores sobretodo) de una luz del sol que emana una dulce calidez y con algunas viñetas en las que se da el placer de recargar con multitud de detalles (todo dependiendo del personaje al que visita el protagonista).

Las Calles de Arena de Paco Roca es como dormirse, tener una pesadilla, que alguien te recite una poesía al oído y que la pesadilla deje lugar a un sueño alocado y divertido del que nunca querremos despertar.


Conclusión: Es difícil elegir entre una y otra teniendo en cuenta lo diferentes que son.
Posiblemente Arrugas sea mejor debido sobretodo a el cariño que el autor infunde en la historia y a ese humor fresco que jamás llega a caricaturizar ninguna de las situaciones.
Aún así son dos lecturas obligatorias de este gran autor y dibujante.