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lunes, 5 de noviembre de 2018

Breve crónica de un día en el XXIV Salón del Manga de Barcelona




Que El Salón del Manga de Barcelona bata su récord de visitantes cada año se ha convertido en algo habitual; ha pasado a ser algo tan usual como ver a cosplayers paseando con sus magníficos disfraces o probar alguna de las delicias del país nipón que se sirven en la zona de comida japonesa. La edición XXIV del Salón del Manga ha superado la cifra de 150.000 visitantes, una cifra todavía más relevante si tenemos en cuenta que este año contaba con un día menos.


Exposición de kimonos


Lo primero que llamó mi atención, una vez traspasada la puerta de entrada y tras conseguir el folleto que me guiaría por el salón, es el nombre o rebranding de algunas zonas. Sirva de ejemplo el denominado hasta entonces Taller de gastronomía japonesa y que ahora ha pasado a ser conocido como Nihon Ryori, cocina japonesa en japonés. A ese cambio de nombre había que añadir también el cambio de ubicación. Así que, mientras el año pasado todo lo relacionado con la comida estaba en el Pabellón 1 este año estaba ubicado en el Pabellón 2.1. Un movimiento de stands y talleres que en algunos casos (como el anteriormente mencionado) han resultado un acierto, pero que en otros, como por ejemplo los talleres que habían sido desperdigados por todo el salón, daba lugar a cierta confusión.



Pero vayamos al asunto. Y el tema era que la comida manda. Por ello lo primero fue asistir al Taller de Agemono: tempura, kakiage, furai y tonkatsu, a cargo del chef Julio López, y presentado, como no podía ser de otra forma, por Roger Ortuño, creador de la web ComerJaponés.com. El taller resultó una interesante clase de cocina en la que el chef encargado nos mostró el tipo de frituras que caracteriza a la cocina japonesa; no sin antes hacernos una breve clase de historia para descubrirnos por qué los japoneses aman tanto este tipo de delicada forma de freír verduras, carnes y pescados.

Torneo de volleyball




Reconozco que necesitaba ubicarme, descubrir dónde estaban las zonas que antes sabía a la perfección el lugar en el que se encontrarían. Nada mejor que un paseo, reconocer el terreno y ver qué se cocía en cada pabellón.



En el P.2 se hallaba todo el merchandising, la zona Manga Kids para los más peques de la casa y la zona Manga Sport, un lugar en el que se podían jugar torneos de volleyball, de ping-pong o de básquet o ver exhibiciones de Judo, Kendo o Jiu-jitsu. ¿Quién dijo que ser otaku estaba reñido con ser un buen deportista?




En el P.1 se encontraban todos los stands especializados en manga. Orden, un mejor aprovechamiento del espacio y menos stands conseguían que incluso en las horas de más aglomeración hubiera espacio para pasear y oxigeno que respirar.



Como todavía faltaban unas horas hasta la hora de comer decidí visitar las exposiciones. Entre todas ellas destacaba Lenguaje, objetos y bestias; una exposición que por primera vez dejaba su lugar de origen para plantarse en Barcelona, y todo gracias al Japan Media Arts Festival. En ella se mostraba la humanización en diferentes medios (cómic, televisión, fotografía, etc) de animales y objetos. Una curiosa, y en ocasiones muy alternativa, muestra de en las que destacaban el manga de Beastars de Paru Itagaki y el Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido.







Siguiendo mi ruta disfruté de las grandísimas ilustraciones del autor Dani Vendrell (más conocido como Vandrell), de la exposición de los autores de Escola Joso, de los impresionantes dibujos de la ilustradora natural de LLeida Marta Salmons, del arte conceptual de Gris (el primer videojuego creado por Nomada Studio) y de las magníficas figuras de Tamashii Nations.

La Zona Nintendo ubicada en el Palacio 2


Y de las exposiciones a comer, cruzando por Plaça Univers donde la cantante Nana Kitade lo estaba dando todo ante sus fans. Y es en ese momento cuando me di cuenta que todavía siguen faltando mesas; muchas. Porque no deja de ser raro, e incómodo, tener que comer sentado en el suelo. Y porque es extraño que en la zona de comida japonesa no hubiera ni, al menos, una fila de mesas. Las cuales no hubieran molestado en ningún momento a la normal circulación de gente que intentaba comprar algo que echarse a la boca.



Y tras llenar el buche ¿qué mejor que asistir a una degustación de curry japonés? El encargado era Keita Tanaka. Tan rico como picante.

Una hora después estas bolas serían darumas


Bien, todo no va a ser cocina, así que para acabar qué tal si creo mi propio daruma. En el pabellón 2 se encontraba la Nihongo Experience donde Espai Daruma, expertos en cultura japonesa, podían ayudarme.

Los dinosaurios también lo petan en el salón del manga


Tras cruzar las puertas del Salón del Manga de Barcelona tengo sentimientos encontrados: por un lado tengo la sensación de que han desaparecido algunas cosas y que algunas de las que han sobrevivido todavía no tenían un emplazamiento definitivo y definido. Por otro lado, he de reconocer que se paseaba mejor, que no había aglomeraciones y que algunas de las novedades definen mejor el espíritu del salón. Ahora ya solo puedo pensar en los 25 años que cumplirá El Salón del Manga de Barcelona el año 2019 y que espero celebren por todo lo alto.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Breve crónica de un día en el XXIII Salón del Manga de Barcelona



El Salón del Manga deBarcelona ha vuelto a batir un nuevo récord: 148.000 visitantes han pasado por la Fira de Montjuïc en los cinco días que ha durado. Y la buena noticia es que Ficomic ya empieza a gestionar las colas que se gestan a la hora de apertura de una forma aceptable. Este año se ha abierto un nuevo acceso para que la entrada de los asistentes fuera algo más fluida. La novedad también ha sido el incremento de las medidas de seguridad debido sobre todo a los atentados acaecidos en Barcelona el pasado agosto. Por esto, a la vigilancia privada (con perros incluidos) se le han unido los mossos d’esquadra de Barcelona para evitar cualquier posible incidente. El salón tampoco ha estado exento de cierta polémica, debida a la decisión que se tomó de no dejar salir a los asistentes una vez hubieran accedido al recinto; algo que ya ocurre en muchísimos eventos. La controversia viene porque se avisó mal y tarde, cuando muchos fans de la cultura y los cómics japoneses ya habían adquirido sus entradas.



Pero, sin más dilación, entremos en materia. Como últimamente hago en el salón del manga y del cómic, la mañana (o parte de ella) la dediqué a visitar las exposiciones. Asistí el jueves 2  de noviembre, así que debido a la poca afluencia de público (siempre tomando como referencia los días más fuertes) pude visitar todas esas exposiciones a mis anchas. 



Empecé mi tour por la exposición de Tamashii Nations World Tour 2017 en la que pude disfrutar de las figuras de alta calidad de esta “marca sombrilla” que reúne a las mejores compañías que se dedican a crear este producto. En esa misma zona, y como cada año, estaban ubicados los restaurantes japoneses y no pude evitar comerme un mochi (lo mio con este postre es puro vicio). La novedad del pabellón 1 es que había también stands expositores de merchandising, consiguiendo que en el pabellón 2 (donde normalmente siempre se han ubicado todos los stands de este tipo además de los de cómics) permitiera un tráfico de visitantes más fluido.



Una pequeña exposición sobre The Legend of Zelda, con mucho material extraído del libro Zelda: HyruleHistoria daba la bienvenida a la zona Nintendo donde los gamers se dejaban los pulgares apretando botones y algunos estaban inmersos en una competición al Mario Kart 8 Deluxe de la Nintendo Switch.




En el pabellón 2.1, y como es costumbre, volvimos a encontrar la zona de El espíritu de Japón. Todo lo relacionado con la cultura del país nipón se halla en este lugar. Exposiciones y talleres de bonsáis, de lectura y escritura, sala de té y el espacio dedicado al kimono, al cual por primera vez pude asistir, dejando que la expertas en el noble arte de las vestimentas tradicionales me pertrecharán con un kimono que yo mismo elegí.




¿Sabíais que entre 1613 y 1620 un samurái encabezó una misión diplomática con destino España? A esta misión se la conoció como la Embajada Keicho y a través de representaciones, escritos y objetos de la época en la exposición de mismo nombre se nos mostraba que significó ese hecho histórico para ambas naciones.



En 100 años de animación japonesa se hacía un rápido recorrido por todos esos títulos que han puesto su granito de arena en la historia del anime. Así pues, podíamos encontramos con Dr. Slump, con Totoro o con películas de principios de siglo XX de las cuales ya no se conserva ni una sola copia.



Jiro Taniguchi, uno de los mangakas más reconocidos a nivel mundial, murió el pasado 11 de febrero de este mismo año, era pues de cajón y necesario que en este salón hubiera una exposición que le rindiera homenaje, tanto a su vida como a su extensa y laureada obra.




Y si de homenajes hablamos no podemos olvidarnos de Kenneos, seudónimo bajo el cual se escondía la brillante ilustradora Victoria Chamizo. El mes de agosto de 2016, con tan solo 28 años, murió de una afección coronaria. Una maravillosa exposición con sus obras de corte kawaii y el cartel de este año del salón es la mejor y la más emotiva forma de recordarla.



¿Sueñan los mechas con ovejas eléctricas? La exposición principal de este año, que tomaba el título de la aclamada novela de Philip K. Dick y la niponizaba, hacía un recorrido por los robots, androides, ciborgs y mechas que han protagonizado mangas y animes y que de alguna u otra forma nos acercaron a la ciencia ficción que tenía que ver con robots manejados por humanos o por esos otros que cobraban conciencia de sí mismos. Neon Genesis Evangelion, Roujin Z, La visión de Escaflowne, Last Hero, Astroboy, son algunas de la obras que se diseccionaban en esta exposición, aunque era Mazinger Z la mítica serie que era la cabeza de cartel. En este mismo pabellón podíamos asistir a la demostración de las capacidades que tiene algunos robots: dibujar, crear retratos o simplemente convertirse en robots de compañía con forma de foca.




Lo reconozco: me gusta la cocina y soy un amante del buen comer. Así que, tras comer y pasear por la zona de stands en busca tanto de novedades de manga como de viejas colecciones, me encaminé hacia el taller de gastronomía japonesa. Desde las 16:00 hasta las 19:00 tres cocineros del restaurante Kaito realizaron in situ una extensa variedad de postres que tomaban como principal ingrediente el amazake y el sakekasu. En un ambiente distendido, como si el público fuéramos amigos de los cocineros, pudimos no solo probar los platos que iban creando, sino también realizar preguntas y jugar a un concurso express en el que el ganador se comía el postre el solito.





Para finalizar, y antes de abandonar el recinto y despedirnos hasta otro año del Salón del Manga de Barcelona, el prestigioso DJ Kentaro, y debido a un acuerdo entre Ficomic y Sonar (Festival Internacional de Música Avanzada), nos regaló una sesión de música electrónica con la cual resultaba imposible quedarse quieto. 




Y moviendo el esqueleto, como si un rayo repleto de buen rollo y energía hubiera atravesad nuestro cuerpo, así finalizó el XXIII Salón del Manga de Barcelona.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Breve crónica de un día en el XXII Salón del manga de Barcelona



Se acabó el Salón del manga de Barcelona. Bueno, en realidad hace casi una semana que lo hizo. No es que yo sea lento en reflejos, ni perezoso a la hora de crear este tipo de entradas en el blog, es simplemente que necesito que todo lo que he llegado a vivir, a sentir y experimentar en ese lugar, mi mente lo acabé de asimilar. Soy de lenta asimilación, lo reconozco. Pero así, de esta forma, luego escribo de una forma menos pasional. ¿Cuela? En fin, como decía, el XXII Salón del manga de Barcelona ha terminado, y una vez más con cifra de record: 142.000 visitantes. Unos 5.000 más que el año pasado. Este récord empieza a ser una bonita costumbre. Lo que no es bonito son las largas colas que se siguen formando para poder entrar. Yo, personalmente, tardé 50 minutos en pasar por la puerta de acceso. Lo curioso es que el lunes todavía quedaban entradas en taquilla, con una exigua cola de gente que entraba al momento. Es bastante injusto que los que no son previsores y no han comprado su entrada por anticipado se les “premie” accediendo al salón antes. Aquí la organización sigue teniendo un grave problema, y los visitantes una vez más han protestado sobre él por las redes sociales. Pero hablemos de lo que sí se hizo bien. Que fue todo lo demás. Os haré un breve resumen de las once horas que pasé vagando por ese mundo repleto de mangas, merchandising, exposiciones, videojuegos y cosplayers.



Mi primera parada fue en el espacio gastronómico. Allí corrí como alma que lleva el diablo para comprar un mochi y saborearlo. ¡Madre mía qué manjar! Como no me había quedado lo suficientemente saciado decidí que sería una buena idea ver uno de los talleres de cocina. De la mano de Risa Nagano, los allí presentes, pudimos aprender (que por cierto no es muy difícil) como hacer mizu mochi (mochi gota de agua). Gracias a unas cámaras ubicadas cobre la cocinera no nos perdimos ni uno de los pasos que ésta dio hasta conseguir acabar el postre. Por cierto, ¿por qué en este tipo de eventos siempre hay un maleducado o maleducada que se levanta de su asiento para hacer fotografías, en vez de estar atentos, tapando la visión de los demás? Supongo que es un misterio digno de cuarto milenio.



Dejo atrás la zona gastronómica por que los aromas del lugar me dicen “compra y come” y ni mi economía ni mi estómago daban para tanto. Aunque en mi fuero interno sabía que más tarde volvería. Mi destino esta vez me lleva hasta la planta 2: El espíritu de Japón. Como cada año este lugar está orientado a mostrar toda la cultura que rodea al país nipón. Este año los visitantes podían intentar en el taller de Sumi-e (pintura tradicional japonesa) dibujar algo decente sin pringarse demasiado de tinta. Tres cuarto de los mismo con el taller de escritura japonesa. Y una vez ya te habías pringado lo suficiente podías ir a la sala de té a relajarte, a la de lectura o a que te enseñaran movimientos básicos de Aikido.



Yo, personalmente, preferí disfrutar de las exposiciones. La primera fue la de bonsáis: árboles que guardan cierta afinidad con Tyrion Lanister, aunque éstos eran algo más agraciados. No lejos de esta exposición el artista Chisato Kuroki nos mostraba lo que pueden hacer unas manos, un puñado de barro y un horno. En la otra punta de este espacio podíamos descubrir a Miyamoto Musashsi, un samurái legendario que repartió a diestro y siniestro por todo Japón y que la sola mención de su nombre producía dolores intestinales a más de uno. Antes de volver a la planta uno me entretengo un rato disfrutando de esa exposición que muestra como la literatura y el manga han llegado a fusionarse, haciendo que obras como La metamorfosis de Kafka o Don Quijote de Cervantes ahora sean mucho más accesibles para todo tipo de público; sobre todo para aquel que pasa de leerse los libros.



Antes de seguir con mi ruta me como otro mochi. Si es que lo sabía, sabía que tarde o temprano volvería a la zona gastronómica.
Me voy directo al palacio 4. El lugar donde cómic Joso tiene sus exposiciones y sus talleres de dibujo. Allí están también las asociaciones españolas de Star Wars. Como buen fan de la saga no puedo dejar de hacer fotos mientras me emociono. Es que uno tiene su corazoncito.



Mis pasos esta vez me llevan hasta la zona nueva: el palacio 5. Este año se ha vendido a bombo y platillo sus chorrocientos mil metros cuadrados, pero al llegar queda en evidencia que la mitad del espacio está vacía. Miremos el lado bueno, hemos ganado en retretes. Y en los de esta zona ni siquiera había cola. Un alivio para las chicas. Retomo el hilo de nuevo, que me pierdo, así os cuento que en esta zona había un ring en el que un puñado de chavales se estaban dando leña de la buena. Pero nadie salía herido, pues se practicaba esgrima con armas acolchadas. Además de softcombat, aquí habían varias exposiciones, como la de los inicios del manga o la de los monstruos gigantescos que más veces han destruido Japón. Godzilla se llevaba la palma.






Una pequeña pausa para comer y a la sección de videojuegos. La mayoría del palacio está enfocado al tema de este año: Yo-Kai Watch. Ya sabéis, el chaval ese con un reloj que busca pokemons, esto…, quería decir yokais. Mis ojos fijan su objetivo en una belleza: la NES mini classic. Lloró un poco de la emoción, me recompongo y huyo del lugar humillado pero satisfecho. Pero, ¿qué es eso que oigo? ¿Son tambores? En el exterior se está llevando a cabo un concierto de taiko, tambores y flautas japoneses para crear una preciosa música tradicional.





Vuelta a la zona gastronómica. Otro mochi y hago hat-trick. Mis rodillas me avisan que si no me siento dejarán de funcionar así que decido tomar asiento y ver de qué va el taller de cocina al cual han puesto un sugerente nombre: Las 7 bolas comestibles de Dragon Ball. De forma resumida os podría decir que tres cocineros, con una gran imaginación, hicieron siete exquisitos platos en forma de bola. ¡Qué delicia! ¡Qué hambre!





Todavía me queda un poco de tiempo para vagar por la zona de merchandising. Ahora que hay menos visitantes se pasea con fluidez y se pueden ver los tenderetes al completo. Sin tener que disfrutar de la vista del cogote de alguien o tener que olerle el sobaco a otro. 



Cuando por los megáfonos dicen que queda un cuarto de hora para cerrar decido dar por zanjada la visita. Han 11 horas caminando, mirando y gozando del XXII Salón del manga de Barcleona. Un salón que sin duda es único en Europa. Ahora solo queda pensar, y prepararse, para el próximo salón del manga de Barcelona.