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jueves, 11 de enero de 2018

El mejor y el peor del 2017

Debido a mis compromisos con otro blog este año mi blog personal ha presentado un notable descenso en el número de entradas. No es que lea menos, simplemente es que reseño menos por estos lares. Con todo, siempre que puedo regreso a este rinconcito a seguir con esta grata tarea de contaros los cómics y libros que me he leído.

Ya llevamos más de diez días de 2018. Los regalos quedaron atrás, así como las comidas copiosas y el atragantamiento con las doce uvas. Ahora toca recapitular y ver qué lectura fue la más placentera del 2017 y cuál me pareció la más floja.


El mejor del 2017

Me ha costado decidirme. Este año he ido escogiendo las lecturas con cuidado. Digamos que me he arriesgado poco. He tirado de clásicos, he leído cómics y me he volcado en los géneros en los que me encuentro más cómodo, como la ciencia ficción o la fantasía. Pero el elegido no pertenece a ninguno de los dos géneros que he citado. Las aventuras, con un toque de humor, copan las páginas del clásico que he escogido. La novela cuenta la historia de un muchacho algo pendenciero que, junto a su mejor amigo, vivirá un puñado de aventuras en un verano que parece no terminar. Una estación que el lector siente en sus propias carnes (así me pasó a mí) mientras se divierte con las gamberradas que los dos muchachos van montando. Sí, el libro no es otro que Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain. Mi recomendación: disfrutad de la novela en verano, al lado de una piscina o un río, tumbados sobre la arena de la playa, tal vez con ello acentuaréis esa maravillosa sensación de estar dentro del libro



El peor del 2017

Se me ha hecho complicado elegir uno. Y es que este año no ha habido ninguno que me haya parecido una pérdida de tiempo el estar leyéndolo. Es la sensación, totalmente subjetiva por supuesto, por la que me guío a la hora de escoger el peor del año. Sin embargo, sí ha habido un libro que parecía prometer mucho y al final, siendo una lectura entretenida, no pasó de ser regulera. Así que, más que "peor", podríamos dejarlo en "El menos bueno del 2017".



Estados Unidos de Japón de Peter Tieryas hizo que me creara grandes expectativas. Ya sabéis, el hype… Luego descubrí una historia con una trama ya muchas veces vista y unos personajes con los que resultaba difícil empatizar. Las luchas con mechas (magníficamente narradas) y la buena utilización de la cultura geek es lo mejor de la novela.

   

viernes, 29 de septiembre de 2017

Estados Unidos de Japón

Para hablar de Estados Unidos de Japón primero tenemos que hacerlo de El hombre en el castillo. El hombre en el castillo es una novela de ciencia ficción, del subgénero ucronía, escrita por Philip K. Dick.  Como en toda buena ucronía en esta novela se juega con la historia, moldeándola al antojo del autor y dándole un camino alternativo a un gran y decisivo acontecimiento que marcó el curso de la historia. En este caso las fuerzas del Eje son las vencedoras del La Segunda Guerra Mundial y no los Aliados. Así pues, Estados Unidos fue invadido y sus territorios, al igual que el resto del planeta, se repartieron entre Alemania y Japón. Pero con el paso de los años las dos súper potencias ansían lo que no tienen (que viene a ser la parte del planeta que pertenece al que en su momento fue un aliado), hecho que las llevará a una guerra fría sin precedentes. Tomando como base estos sucesos se abren varias líneas argumentales que se entrelazan y que narrarán la vida de diferentes personas en este mundo dominado por estados totalitarios.

Estados Unidos de Japón de Peter Tieryas y publicada por Nova no es una continuación de El hombre
Peter Tieryas
en el castillo
, solamente asienta sus cimientos sobre las bases que Philip K. Dick construyó en su novela y se lanza a explorar conceptos que el autor natural de Chicago se dejó en el tintero. Así pues, Tieryas propone viajar un poco más allá, al futuro de ese mundo distópico y observar cómo evolucionó la sociedad japonesa. Un futuro ubicado en los años 80 de esa realidad paralela, de ese mundo que solo ha existido en la mente del autor y que ahora comparte con nosotros. Y lo hace a través de Beniko Ishimura que es, además del protagonista de la novela, el maestro de ceremonias que nos guiará por esos territorios que Japón controla con mano de hierro. Él se dedica a desenmascarar posibles traidores del imperio mientras se arrastra por una vida aburrida y anodina. Entonces todo da un giro inesperado y una oficial de policía, de nombre Akiko Tsukino, entra en su vida y le pide ayuda para desenmascarar a los creadores de un videojuego que muestra como los Aliados ganaron la guerra. La investigación que ambos emprenden no estará exenta de contratiempos; entre ellos los George Washingtons: una facción pro Estados Unidos que les mostrará que otro mundo es posible.

En Estados Unidos de Japón nada es negro ni blanco, todo está repleto de matices. No encontraréis villanos entregados a engendrar el mal a cada momento de su vida ni héroes que buscan salvar el mundo. En realidad, cada uno de los personajes que aparecen en esta novela solamente son personas normales con unas ideologías determinadas (algunas más radicales que otras), que la mayoría de ocasiones se han forjado a lo largo de situaciones que han vivido, que defenderán hasta límites insospechados. Y a pesar de todo, de esa defensa profunda de las ideas, de lo que somos, de cómo pensamos, el autor nos recuerda, criticando a la sociedad japonesa tradicional y al way of life americano, que por encima de las ideas están las personas.



Y ahora pasemos a la acción; esa acción que en ocasiones se vuelve desenfrenada y que involucra alta tecnología, como brazos que se convierten en armas o luchas de mechas que a los otakus nos recuerda a Robotech o Neon Genesis Evangelion. Y es que Peter Tieryas es un friki de cuidado y no lo oculta. ¡Ni falta que hace coño! Y por ello los mejores tramos de la narración se encuentran no sólo en esas luchas, sino también en ese campeonato de videojuegos en el cual el que pierde muere de curiosas y variadas formas. El entusiasmo con el que están narradas todas estas escenas sirve para equilibrar la balanza y tener menos en cuenta todas esas otras en las que lo predecible y el tedio se tornan un pesado lastre.


En definitiva, Estados Unidos de Japón resulta una obra entretenida, con algún que otro declive en la narración que es sorteado con destreza gracias a toda esa acción que hará las delicias de todo geek.