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viernes, 20 de diciembre de 2019

La Princesa Caballero


Érase una vez un bebé a punto de nacer que hacía cola para recibir el corazón que definiría su sexo. Pero antes de que le tocara su turno con Dios un angelote algo gamberro le entregó un corazón de niño. Cuando realmente le llegó la hora con Dios, este le brindó un corazón de niña y la envió a la Tierra. Cuando Dios se enteró del desbarajuste obligó a Tink, el ángel gamberro, a arreglar el asunto y a velar por la niña que resultó ser una princesa. Así pues, la princesa Zafiro se tenía que hacer pasar por príncipe porque debido a las rancias costumbres de la realeza una mujer jamás podría reinar, algo que el Conde Duralmin quería aprovechar a toda costa para que su hijo fuera el heredero legítimo de la corona.


Esta es, a grandes rasgos, la premisa de La Princesa Caballero considerado por muchos el primer shojo de la historia del manga. Pero bajo el embozo de cuento casi infantil encontramos una obra mucho más compleja. Y es que el dibujo inocentón de Osamu Tezuka puede llevar a la falsa idea de que nos hallamos ante un cuento para niños de reyes y princesas. Y aunque eso parece al principio, unas pocas páginas nos muestran las intrigas de palacio que se irán gestando para arrebatarle el derecho a la princesa de ser rey. En ocasiones hasta con muertos de por medio.



Hay que tener en cuenta que La Princesa Caballero es un manga de principios de los 50, y hay que tenerlo en cuenta por los diferentes mensajes que se pueden extraer de la obra. Para empezar, esa dualidad de sexo, esa bisexualidad, esa capacidad de elegir qué y quién queremos ser, un mensaje realmente innovador y transgresor para la fecha y que va apareciendo de forma sutil o más o menos velada a lo largo de toda la obra. Aunque en ocasiones el autor juegue a mostrarnos una princesa que parece extraída de Disney (con escenas en las que Zafiro juega o habla con los animales del bosque de la misma forma que lo hacía la protagonista de La bella durmiente) las críticas a la realeza son visibles; a ese método anticuado y anacrónico de reinar un pueblo, aun cuando el manga está situado en un mundo medieval fantástico. Y por último, y no menos importante, el mensaje de empoderamiento de la mujer, mostrado claramente en ese capítulo donde las mujeres del reino se plantan ante el trato machista y deciden combatirlo. Una escena divertida con mucho mensaje.



En La Princesa Caballero, como buen cómic de aventuras y fantasía que es, encontraremos un poco de todo: personajes con poderes mágicos capaces de transformarse en animales mitológicos, piratas, demonios, enfrentamientos con espadas, maldiciones y triángulos amorosos. Todo eso repartido en 27 capítulos que, más o menos, mantienen el nivel narrativo y visual. Y hablando del dibujo, hay que volver a hablar de la fecha en la que fue publicado el manga, pues mientras a principios de los 50 en España el cómic jugaba con una narración visual lineal y con un único punto de vista, mientras en USA explicaban con un narración en off cualquier nimiedad que ocurría en las viñetas, Osamu Tezuka se atrevía con un estilo muy cinematográfico: picados, contrapicados, zooms… con la imagen siempre por encima de las palabras; y eso sin hablar de su ingenio a la hora de hacer que algunos personajes sean capaces de romper la cuarta pared. De esta forma, Osamu Tezuka, denominado Dios del manga, nos brinda un dibujo sencillo, limpio y bonito con una disposición de viñetas innovadora para la época.



La Princesa Caballero, publicado por Planeta Cómic, es un manga con un dibujo cándido que resulta sencillo en un primer vistazo. Pero tras su aparente sencillez, esconde unos personajes con cierta profundidad psicológica, mensajes muy avanzados para su época y una forma de composición visual impresionante.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Sadboi


El arte, una vez abandona las disciplinas más habituales como son la pintura, la música o la escultura, una vez traspasa esa frontera en la que un libro en blanco abierto de par en par, un camastro herrumbroso colgando del techo o una guitarra eléctrica siendo arrastrada por el suelo es considerado arte, muta su finalidad comunicativa y se diluye en un sinfín de mensajes complejos y confusos. Una toalla blanca bien dobladita sobre una mesa, ¿es arte? Una piedra junto a otra de menor tamaño, ¿es arte? Recortar pedazos de una guía de viajes y hacer una pelota con esos recortes, ¿es arte? Los límites de la creación son insospechados, y en ocasiones un timo, y con esta máxima Berliac, el autor del cómic que hoy nos ocupa, nos plantea una pregunta: ¿la delincuencia puede llegar a ser arte?




Sadboi es un delincuente juvenil, un muchacho que cruzó el mar en busca de una vida mejor y solo encontró el despreció de muchos y el beato paternalismo de otros. De familia de acogida en familia de acogida el destino de Sadboi se entremezclará con el del arte. Viendo una oportunidad en este inesperado giro del destino, Sadboi intentará volcar todas las experiencias vividas en su corta vida en montar una performance que no dejará indiferente a nadie.



Berliac es un ensayista, escritor de historias cortas y creador de cómics nacido en Argentina. Berliac también es un gaijin mangaka, o lo que es lo mismo, un autor de mangas que no es natural de Japón. En Sadboi Berliac muestra un dibujo limpio y de línea gruesa que prescinde prácticamente de sombras para dotar de más luminosidad al conjunto. Su estilo toma mucho del gekiga (manga de los años 60 en el que las expresiones de los rostros eran de vital relevancia) y un poquito del pop art. Con esta mezcla, y con una falsa apariencia de simplicidad, Berliac dota a su historia, sobre todo a partir de los rostros de los personajes, de un dramatismo que va in crescendo hasta ese extraordinario momento de clímax que es la performance del final.



Con Sadboi (publicado por Sapristi Cómic) el autor no solo nos muestra el complejo, en ocasiones confuso, a veces tramposo, lenguaje del arte moderno, sino que nos muestra que hay entre bambalinas, cómo se crea una obra y por qué el artista decide llevarla a cabo; a pesar de que ésta pueda llegar a ser un fraude. El protagonista, gamberro algo naíf que se escuda tras una faz de tipo duro, se torna en inolvidable a medida que vamos conociendo toda su trágica historia. Y mediante ese puzzle de recuerdos, Berliac construye una compleja y profunda crítica sobre la integración de los inmigrantes, los esfuerzos que estos llegan a hacer y dónde les lleva su futuro si al final fracasan.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Nijigahara Holograph




Inio Asano es un mangaka que sabe describir a la perfección las diferentes etapas de la vida humana, siendo especialmente sobresaliente en aquella en la que más hincapié suele hacer: la adolescencia. Ya lo hizo en El fin del mundo y antes del amanecer al mostrarnos su pericia a la hora de que el lector quedará atrapado por un puñado de relatos que entrecruzaban las mediocres vidas de diferentes personajes. Unos relatos que mostraban una falsa apariencia de simpleza pues, a medida que avanzábamos en el manga, Inio Asano iba profundizando paulatinamente hasta alcanzar un relato con gran carga filosófica. 


En Nijigahara Holograph Asano vuelve a esas historias de cariz intimista, a ese slice of life que con tanto mimo va construyendo, aunque esta vez el puzzle está totalmente desordenado y el lector debe aceptar el desafío de montarlo a medida que va leyendo. Además, esta vez, el relato aúna también un poco de terror psicológico, misterio y podría decirse que hasta fantasía. Y es que la historia se inicia con un terrible y cruel asesinato: la madre de una de las niñas de la escuela aparece muerta en un túnel oscuro y abandonado. Un asesinato que dará pie a alimentar leyendas de fantasmas que habían permanecido en letargo además de revelar el lado más oscuro del ser humano; sobretodo el de los niños, que deciden que la única forma de aplacar a los fantasmas es realizando un sacrificio.



A partir de ese inquietante inicio todo se vuelve extraño, casi onírico, a la vez que mundano y habitual. Hallaremos en las páginas de este manga, excelentemente editado por Milky Way, desde terribles asesinatos pasionales, escenas de bullying o de suicidio juvenil hasta situaciones de reconciliación, de amor puro y de sacrifico. Lo mejor y peor del ser humano se dan cabida en Nijigahara Holograph.



Resulta harto complicado explicar de qué va realmente este manga sin desvelar algún punto clave, pero sí puedo comentar que el concepto del efecto mariposa llega a tomar vida en su forma holística de un modo casi literal. Así pues, las acciones que algunos personajes realizan repercutirán de una forma u otra en las vidas de otros. También se hace mención a la paradoja de la mariposa del filósofo Chuang Tse: “soñé que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era un humano que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era un humano.” Una fábula en la que el pensador intentaba explicar cómo los sueños pueden alterar nuestros estados de conciencia hasta el punto de incluso modificar las leyes del espacio-tiempo.



Sí ahora mismo estáis pensando que lo que vais a encontrar en Nijigahara Holograph es una paranoia, no vais errados. Una paranoia que te obliga a releer, a tener la sensación de que eres capaz de desenredar la maraña, de casi encajar las piezas… un momento de revelación que dura unos pocos segundos, para luego descubrir con desconcierto que todo vuelve a ser un complejo batiburrillo. Un revoltijo que resulta una maravillosa y retorcida metáfora de la reconciliación de uno mismo con sus diferentes yos, algo que al final solamente se consigue con la perspectiva que otorga el paso de los años.



jueves, 12 de julio de 2018

Astérix en Italia


Con el calor estival no sólo regresa el canto excitado de las golondrinas a última hora de la tarde, la arena de la playa que se escurre entre los dedos de los pies o los guiris con tonalidades de piel que rivalizarían con el helado de fresa y nata, también lo hacen todas esas guía de viaje que hablan de los enclaves o monumentos típicos, que jamás habría que pasar por alto, del lugar en cuestión al cual pretendemos viajar. Guías ordinarias, de fotografías en ocasiones anticuadas y de descripciones prosaicas pero de estilo narrativo similar a un prospecto de un medicamento. Puestos a tantear ese lugar que nos gustaría visitar, ¿por qué no hacerlo de una forma diferente? ¿Por qué no hacerlo, además, a través de un cómic?

Astérix en Italia es el último título de los personajes que Goscinny y Uderzo crearon a finales de los años cincuenta y que desde Astérix y los pictos los encargados de dar vida son el guionista Jean Yves-Ferri y el dibujante Didier Conrad. Esta vez nos plantean una historia harto sencilla: los romanos han creado una carrera que cruzará todo el país italiano, una especie de Giro de Italia mezclado con el GP de Monza pero con cuadrigas. Y allí que van Astérix, Obélix e Ideafix.



La historia sirve como una estupenda excusa para que recorramos junto a los protagonistas una antigua Italia convulsa de pueblos que tratan de evitar que los romanos acaben tomando el control total de su nación. Entre topicazos, datos curiosos e historia iremos avanzando y conociendo costumbres, monumentos y lugares dignos de ser visitados mientras nuestros protagonistas se las ingenian para ir terminando cada etapa, para estupor y enfado de los romanos que mediante trampas intentan hacer lo imposible para evitarlo.



En Astérix en Italia no sólo vamos a encontrarnos con datos curiosos, y reales, sobre Italia, sino que el cómic está repleto de guiños a la Formula 1, a la cultura actual (incluida la gastronómica, como no podía ser de otra manera) además de algunos cameos de personajes vinculados al país en cuestión y que nos obligará a repasar cada viñeta con lupa, como si se tratara de un libro de ¿Dónde está Wally?



En definitiva, Astérix en Italia, publicado por la editorial Bruño, es un cómic que sigue manteniendo buena parte del espíritu original con el que el dúo Goscinny-Uderzo dotaron a la obra: diversión, aventuras, humor y un puntito de ironía que harán las delicias de los fans. Un cómic que te abrirá el apetito por conocer un poquito más de Italia.

Ahora sí, ya puedes agenciarte una guía de viajes.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche y Equatoria.


El tío luce un porte de galán de cine, aunque su profesión es la de marinero. Sus pantalones blancos no parecen los adecuados para embarcarse en aventuras en las que en ocasiones hay que arrastrarse por lugares inmundos; a pesar de ello, se las arregla para que siempre aparezcan impolutos. Prenda que por cierto va a juego con la gorra que ensombrece su mirada cautivadora. En los labios, colgando, siempre un cigarro. En la oreja derecha un enorme pendiente de aro. Unas patillas frondosas acentúan un rostro férreo. Así es, a grandes rasgos, Corto Maltés. Pero de Corto, quizá, yo subrayaría su capacidad seductora, no solo con las féminas que encuentra en sus aventuras, sino también con los hombres; consiguiendo que tanto amigos como enemigos caigan rendidos a sus pies. Pues tras conocerle, tras descubrir esa personalidad tan marcada por el honor y la justicia, que siempre le lleva a luchar al lado de los más débiles (muchas veces sin buscarlo), es imposible que Corto no acabe cayéndote bien.



He de reconocer que no era un gran fan de los cómics de Corto Maltés. Sobre todo por desconocimiento. Y es que siendo un chaval los había ojeado, pero claro, a esa edad prefería mucho más las “galletas” que repartían los superhéroes o las aventuras bizarras que podía encontrar en los mangas del género cyberpunk. Fue hace poco, y casi por casualidad, que cayó en mis manos Corto Maltés: Equatoria. Ahora que uno ya tiene una edad y no hace ascos a ningún cómic me puse a leerlo y al rato ya estaba enganchado. Tras terminarlo hice lo más lógico: ir en busca de más.



Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche, supuso el retorno del marinero creado por Hugo Pratt allá a finales de los años 60. Veinte años después de la muerte de su autor un dibujante y un guionista, ambos españoles, tomaban el testigo. Por un lado tenemos a Juan Díaz Canales que se encargó del guion. Sí, el guionista de uno de los mejores cómics noir de todos los tiempos: Blacksad. A los lápices encontramos a Rubén Pellejero, que no le venía de nuevo esto de crear viñetas del género aventurero. En la serie Dieter Lumpen que creó junto al guionista Jorge Zentner nos embarcaba en un cómic de aventuras clásicas al lado de un aventurero que lo era por azar. Al observar las viñetas de ese cómic es cuando se aprecia que el estilo de Pellejero había bebido de las mismas fuentes que las de Pratt, así pues era la elección idónea.



En esta primera aventura una carta escrita por Jack London, el autor de Colmillo Blanco, es lo que hace que Corto se ponga de nuevo en marcha. Debe entregar dicha misiva a una amiga del escritor, una exprostituta que ahora lucha por el derecho de las mujeres. Como es de esperar, las cosas se torcerán incluso antes de empezar y el protagonista se verá inmerso en aventuras que en cierto modo trata de evitar, pero en las que al final, inevitablemente, acabará involucrándose. Por ejemplo, Corto se verá inmerso en una sangrienta revuelta inuit, en los intríngulis del espionaje o en traiciones que en ocasiones le beneficiaran y en otras pondrán su vida en peligro. Y todo ello con el bello telón de fondo del Gran Norte, uno de los parajes más extremos del planeta. Un lugar indómito donde los buscadores de oro se dejaron la piel por hacer fortuna. Rubén Pellejero, con unos pocos trazos, hace gala de su maestría y nos muestra lugares copados por la nieve, bosques de tonos amarillentos y ríos bravos. El color, sutil pero bien empleado, hace que todo cobre vida como por ensalmo.



Tras varios cambios inesperados de escenario, pero siempre con un argumento al servicio de la aventura, alcanzaremos un final que produce un agradable sentimiento de nostalgia y que irremediablemente deja con ganas de más.



En Corto Maltés: Equatoria la historia da un giro radical, pero solo en lo que respecta al escenario. Si en Bajo el sol de medianoche podíamos sentir como el frío helador calaba nuestro huesos, ahora tocará sudar la gota gorda, pues el continente africano será esta vez el paraje protagonista. Además, en esta ocasión, será la búsqueda de un tesoro antiguo lo que llevará a Corto a meterse en no pocos problemas.

Una vez más el dúo Guarnido-Pellejero vuelve a crear un cómic que destila aventura clásica por los cuatro costados. En este álbum el colonialismo europeo de principios del siglo XX y lo que éste provocó en los nativos del lugar será el tema que los autores trataran con un cuidadísimo rigor histórico. Y si de historia con mayúscula hablamos no podemos dejar de hablar de todos esos personajes célebres que en algún momento cruzan su camino con el marinero natural de Malta; algunos tan reconocibles como Winston Churchill. Personajes que, por cierto, Rubén Pellejero dibuja de forma exquisita al emplear un trazo limpio y elegante; un dibujo con carácter propio pero conservando la esencia de Hugo Pratt.



Bajo el sol de medianoche y Equatoria son dos obras que considero de imprescindible lectura. Y es que Juanjo Guarnido y Rubén pellejero no solo han sabido captar toda la esencia que Hugo Pratt insufló a su obra, sino que la han sabido hacer suya, para contar sin miedos y tapujos esa parte que el autor de Italia se dejó en el tintero. 



Ahora bien, si tuviera que quedarme con una, elegiría Equatoria. Los motivos serían su mayor agilidad narrativa, el acertado trasfondo histórico, el mítico tesoro, la profundidad psicológica que llegan a mostrar algunos personajes y sobre todo por esas maravillosas viñetas en las que un nostálgico Corto Maltés habla con su tierra natal. Ambos cómics son publicados por Norma Editorial tanto en castellano como en catalán.    

viernes, 22 de diciembre de 2017

La Ficción

Una de las fantasías de todo niño, y seguramente de muchos adultos también, es la de imaginar que por algún tipo de magia incomprensible puede introducirse en su lectura preferida. Navegar junto a piratas, luchar contra hordas de orcos, sobrevivir a un apocalipsis zombie… Ser, en definitiva, el protagonista de la aventura o, como mínimo, poder acompañar a ese personaje que tantas alegrías le dio y que logró, transportándolo a inmensas aventuras, desconectar de tu tediosa realidad. ¿Quién no lo ha pensado alguna vez? De hecho, hay incluso algunos libros que juegan con esto, sirva como ejemplo principal de este ejercicio de imaginación el libro escrito por Michael Ende: La historia interminable.

Todos conocemos a grandes rasgos la aventura contada en La historia interminable. El niño llamado Bastián que en una tienda de libros antiguos descubre un libro de fantasía en el cual, poco a poco, irá descubriendo que tiene un fuerte nexo con la realidad. En cierto momento el propio Bastián se introducirá en el mundo que relata el libro para salvar a sus conciudadanos de un mal que les acecha. La Ficción de Curt Pires y David Rubín (publicado por Astiberri) toma similar esquema. Cuatro niños encuentran un libro antiguo que les permite acceder a un mundo de fantasía. Por desgracia, uno de ellos se pierde en ese mundo. Los otros tres deciden mentir (tampoco es que les fueran a cree) e inventar una historia sobre su desaparición. Pero muchos años después, ya siendo adultos, el libro vuelve para llevarse a uno de ellos. Los dos últimos del grupo deberán entrar en el libro para salvarlo y descubrir que ocurrió.



Curt Pires (autor canadiense al cual no conocía hasta ahora) crea una historia en la que lo fantástico choca brutalmente con lo cotidiano. Una historia algo simple y rara que te obliga a volver sobre lo leído más de una vez para ir encajando las piezas de una narración que mezcla realidad, ficción y recuerdos. Los personajes tienen cierto atractivo, pero no profundiza lo suficiente como para que el lector pueda acabar de empatizar con ellos. Probablemente en sucesivas entregas este punto pueda ser remediado.



Vayamos ahora al punto fuerte de La Ficción: el dibujo. Esta era la segunda incursión en el mercado americano del dibujante gallego David Rubín tras Aurora West. El autor de joyas como ElHéroe, Gran Hotel Abismo o Ether: La muerte de la última llama dorada, nos brinda lo mejor de su arte. Rostros de mirada gatuna en las féminas y duras mandíbulas en la mayoría de personajes masculinos; todos mostrando ligereza en los movimientos, sin posturas forzadas. El mundo que se oculta en el interior del libro al que acceden los protagonistas es simplemente sublime: personajes de cuento que corretean por angostas callejuelas, paisajes que muestran una enorme variedad cromática y seres retorcidos y monstruosos que esconden también cierta belleza.




La Ficción de Curt Pires y David Rubín nos brinda la oportunidad de sumergirnos en el interior de un libro de fantasía , recorrer los extraños recovecos que se esconden en su interior y asistir a la eterna lucha entre el bien y el mal. Tal vez la historia no sea de lo más original, pero está bien contada y maravillosamente dibujada. 

jueves, 23 de noviembre de 2017

SuperLópez: El Supergrupo

Hoy os traigo un clásico del cómic español. Un tebeo que con el tiempo se ha convertido en una pieza de coleccionista clave para todo aquel que sea un fan del héroe de la capa roja y de los calzoncillos visibles. No, no os voy a hablar de Superman, esta vez es un personaje patrio el que se lleva el protagonismo: SuperLópez. Y la historia en cuestión que hoy nos ocupa es aquella en la que nuestro héroe dejó de estar solo para formar parte de un grupo. Así pues, empecemos ya a hablar un poquito de SuperLópez: El Supergrupo.

Es de noche y todo está en silencio y la gente duerme serena y plácidamente… Así empieza este tebeo en el que un SuperLópez que vuela dormido sobre la ciudad va a impactar contra un banco en el cual, en aquel preciso momento, se estaba cometiendo un atraco; y así es como se encontrará con el primero de los personajes que formará parte del Supergrupo: Capitán Hispania, que no es más que una parodia del Capitán América de Los Vengadores. No tardarán mucho en ir apareciendo los demás componentes del grupo y, al igual que Capitán Hispania, casi todos están basado en algún superhéroe yanqui. Bruto, totalmente compuesto de piedra, nos recuerda a una versión algo más amable de La Cosa de Los 4 Fantásticos. Latas es un robot algo torpe y aunque en formas y colores difiere sustancialmente está bastante claro que su primo americano es Ironman. El Mago es casi un calco, algo desgarbado eso sí, de Doctor Extraño. Y luego está La Chica Increíble que a grandes rasgos podría recordar a Marvel Girl, el nombre de batalla por el cual se conoce a Jean Grey de los X-Men.



Se podría pensar que una vez formado el Supergrupo se pondrían manos a la obra para hacer el bien y acabar con el crimen, pero los integrantes de este variopinto grupo de superhéroes pasa más tiempo dándose de tortas entre ellos que luchando contra el mal. Algunos de los contratiempos con los que se enfrentaran será el de elegir un líder o buscar un lugar adecuado para ir de vacaciones, mientras el verdadero villano hace de las suyas.



Jan y Efepé nos brindan una de las aventuras más divertidas de SuperLópez, junto a Las aventuras de SuperLópez o a la continuación de esta aventura: ¡Todos contra uno, uno contra todos! Aquí los autores todavía no utilizaban la sátira para denunciar la mala praxis de bancos o poner en evidencia a políticos corruptos, en definitiva hacer denuncia social. En este tebeo el humor cafre lo dominaba todo: gamberradas a gogó, hostias como panes propinadas en luchas tremendamente absurdas y situaciones tan disparatadas como descacharrantes.



SuperLópez: El Supergrupo de Jan y Efepé es un clásico del tebeo español en el que los grandes héroes de la factoría Marvel o DC son parodiados y empujados a vivir unas aventuras que rezuman chifladura por los cuatro costados. ¡No os lo podéis perder!

SuperLópez y su creador, Jan, caminado juntos


PD: Hoy en día es complicado encontrar este cómic y solamente a través de tiendas de segunda mano conseguiréis haceros con un ejemplar. Esperemos que ahora que el grupo Penguin Random House se ha hecho con Ediciones B decida rebuscar en el baúl de lo viejuno y reeditarlo. 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Rising Stars

No han sido pocas las veces en las que se ha explicado una historia de superhéroes abordando un punto de vista realista. Historias en las que los villanos no son seres extraterrestres que vienen a colonizarnos, tampoco son monstruos que reptan desde las profundidades de la Tierra para destruirnos y mucho menos brillantes mentes criminales de inteligencia superdotada que construyen robots para dominar la humanidad. Los enemigos son, nada más y nada menos, los que la propia sociedad ha creado: hambre, pobreza, guerras, etcétera.

Los mejores superhéroes del mundo con guion de Paul Dini y el siempre formidable dibujo de Alex Ross fue uno de esos cómics. La premisa fue tomar a la Liga de la Justicia y enfrentarla contra los problemas que se han enquistado en nuestra sociedad. Así pues, podíamos ver como Superman, Wonder Woman o Batman se las tenían que ver con gobiernos totalitarios o la repartición injusta de alimentos entre otros problemas.

Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, no solo nos ofreció los superhéroes con las personalidades más complejas y profundas que jamás se hayan creado en el noveno arte, sino que también nos mostró que sería de un mundo repleto de justicieros en plena Guerra Fría.



Kick-Ass de Mark Millar y John Romita Jr, Némesis del tándem formado por Mark Millar y Steve McNiven y el más reciente MPH, con guion una vez más de Millar, nos planteaban también diferentes escenarios (casi todos bastantes violentos y sangrientos) en los que gente con superpoderes se enfrentaban a problemas “mundanos”.



La trilogía de cómics Rising Stars de J. Michael Straczynski , de la que os hablaré hoy, se engloba en este estilo de cómics.

Rising Stars se inicia, en el primer tomo titulado Nacido del Fuego, con un brillo. Un resplandor sobrenatural que parece una estrella cayendo pero que enseguida se mostrará como algo más sorprendente, afectando a todos aquellos no natos que se encontraban en el interior de sus madres. Ciento trece serán los elegidos. Al principio estos niños serán como cualquier otro crío: con sus ganas de jugar, la obligación de ir al colegio y la emoción de hacer amigos y el anhelo de ser aceptados. Poco a poco demostrarán ser diferentes. Algunos podrán volar, otros dominarán elementos como el fuego, otros serán invulnerables, algunos simplemente podrán mover pequeños objetos… Estos niños especiales enseguida se convertirán en un contratiempo que el gobierno deberá manejar con cierta soltura si no quiere que se les escape de las manos.



En este primer volumen se nos muestra con flashbacks (recuerdos de uno de Los Especiales) la infancia y juventud de estos seres extraordinarios y cómo tuvieron que enfrentarse a una humanidad que les observaba con miedo y desconfianza. Straczynski crea a unos personajes de cierta solidez y profundidad psicológica. Mostrando personas que solo querían ser normales y que sienten que no encajan con el mundo que les rodea. Personas además con bagajes emocionales, problemas de infancia o psicológicos que poseen poderes extraordinarios y la certeza de que estos deberían utilizarse para llevar a cabo la justicia que ellos una vez no tuvieron. ¿Qué harías si abusarán sexualmente de ti y tuvieras el poder para detenerlo? ¿Qué pasaría si te hubieran maltratado y ahora llegara la hora de la venganza? Al final, el proceder de algunos de ellos no es más que una bomba de relojería a punto de estallar.



En Nacido del Fuego el autor nos tiene preparado un par de giros argumentales realmente inesperados, pero creo que es el que tiene que ver con Lionel Zere (aquel que puede hablar con los muertos) el que os llamará más la atención. Además, es en este capítulo donde descubriremos como una composición acertada de una última viñeta (viñeta que hay que observar a trasluz) puede sumar muchos puntos al conjunto. Por cierto, los dibujantes son Keu Cha y Christian Zanier. El trabajo de ambos es vistoso, colorido, pero algo impersonal y frío.


En Poder, segundo volumen de la trilogía, el contexto ya ha sido explicado. Ya sabemos qué nos ha llevado a esta guerra abierta, a las traiciones y a los miedos. Este es sin duda el álbum con más acción de los tres y el que menos profundiza en la psique o las relaciones de Los Especiales. Con todo, diversión y emoción están garantizadas hasta la última página. Aun así, un poco antes de llegar al final de Poder, se cierra un arco argumental y se abre otro: aquel en el que Los Especiales deben enfrentarse, por fin, a los problemas reales de la humanidad. En esta ocasión, a los lápices encontramos a Christian Zanier, Stuart Immonen y a Brent Anderson. Estos dos últimos dan un toque más oscuro al cómic, muy acorde con lo que se está explicando. Aunque es Anderson, mostrando esos rostros más realistas y su excelente manejo de las sombras, el que acabé encajando mejor en la serie.



Y llegamos al final, a ese momento en el que J. Michael Straczynski se pone tan serio y trascendental como filosófico. En Fuego y Ceniza Los Especiales descubren que luchar para que en la Tierra haya oportunidades para todos, las guerras se acaben, baje la delincuencia o se elimine la droga puede granjear enemigos, enemigos muy poderosos. Este tercer álbum resulta un cierre correcto y coherente con todo aquello que se nos ha ido explicando; aunque tal vez con un final algo pillado con pinzas y, para mi gusto, bastante naif. El dibujante de este tercer volumen al completo es Brent Anderson, que a medida que avanza la narración demuestra no solo que domina el dibujo, sino también el entintado, regalándonos la vista con algunas escenas de un dramatismo sobrecogedor que quedaran para el recuerdo: el despertar de Matt, Pyre rodeado por francotiradores o John desatando su poder. 
 

Rising Stars de J. Michael Stracynski, a pesar de los altibajos que sufre la narración a lo largo de toda la historia, resulta un imprescindible para todo aquel que alguna vez se ha preguntado qué pasaría si los superhéroes existiesen de verdad. Emoción, dramatismo, acción, una narración épica y plena de melancolía a medida que se acerca el final y un dibujo que, en algunos tramos, goza de cierto poderío. ¿Qué más se puede pedir?




PD: Existen dos volúmenes más que se centran en las vidas de algunos de los personajes que pasaron por la serie. En Voces de Ultratumba el protagonista es Lionel Zerb: el hombre que es capaz de hablar con los muertos. En Intocable son dos de los elegidos más poderosos, Matt y Jason, los protagonistas del cómic. Poco os puedo explicar de estos dos cómics ya que no he tenido la oportunidad de leerlos, pero teniendo en cuenta como se cierra la trilogía, no son unos imprescindibles para entender la historia, en todo caso para dar ciertos matices.

jueves, 6 de julio de 2017

Lobezno: El viejo Logan

Una noche casi todos los héroes cayeron; y los pocos que sobrevivieron, malheridos, huyeron a esconderse. Al final los villanos habían vencido.

Lobezno fue uno de ellos. Ahora tiene una familia y vive apartado del bullicio de las ciudades. Vive una existencia pacífica. Hasta que un viejo conocido aparece de repente en su vida: Ojo de Halcón. Y aunque Logan es reticente a volver a ser el héroe que fue, la oferta que Ojo de Halcón le hace le resulta más que atractiva y se embarca con él en una aventura delirante que los llevará a cruzar los Estados Unidos de América. Unos E.E. U.U. que poco tienen que ver con lo que todos recordamos. Hulkland, El reino de Kingping o Cubil de Muerte son ahora alguno de los nuevos territorios de un país venido a menos.

Mark Millar (Kick-Ass) ha metido en una coctelera Mad Max, un western y los héroes de la Marvel, ha agitado violentamente y el resultado es Lobezno: El viejo Logan. Si bien es cierto que ha añadido violencia por un tubo y grandes dosis de gore (marca de la casa del autor y algo casi necesario en un cómic de Lobezno), éste, sólo por lo que cuenta, ya es un imprescindible. Y es que durante la travesía que realizan los dos héroes se topan con las situaciones más delirantes que hayáis podido ver en un cómic, sobre todo en lo que respecta a los cambios de roles entre villanos y héroes. Nadie se fía de nadie. Algunos malos son un poco más decentes que antaño; algunos héroes se han convertido en criminales despiadados. A eso hay que añadirle el trauma que Logan arrastra, el cual le fuerza a comportarse de manera pacífica, evitando conflictos y dejando las garras siempre enfundadas.



Si la historia ya era lo suficientemente atractiva, añadidle el arte de Steve McNiven. El dibujante se encarga de mostrarnos un paraje post-apocalíptico, totalmente desértico, habitado por todo tipo de perturbados y animales (¡incluso dinosaurios!), mientras viajamos junto a dos tipos que, de alguna forma, buscan la redención. Si los paisajes que se muestran en el cómic pueden dejarte sin aliento (atentos a La caída del Martillo o a la alucinante y titánica postal que nos deja La caída de Pym), los rostros duros y plagados de arrugas de los dos protas, magnifico muestrario de expresividad, son un recordatorio triste de que hubo tiempos mejores.




En definitiva, Lobezno: El viejo Logan es una historia dura, violenta pero con sus momentos de carga emocional. Asimismo, nos muestra un universo Marvel roto, retorcido y brillantemente desfigurado, creación digna de una mente maquiavélica. Y todo contado con ese ritmo frenético del que sólo gozan las mejores películas de acción.