viernes, 14 de octubre de 2016

Muertes en el laberinto



Los laberintos del Castillo Limbo se convierten en escenario de las espantosas alucinaciones de un niño. Pero ¿son realmente alucinaciones?
Michael "capta" en los laberintos reliquias mágicas y chamánicas de tiempos antiguos:

Un puñal vikingo utilizado para sacrificios humanos, cuya forma parodia la de un Cristo crucificado.
El casco de un soldado romano, que contiene un fragmento de cabeza todavía fresco.
Trozos de animales descuartizados.
Y allí se conserva también el Santo Grial, convertido en aberrante receptáculo de una monstruosidad blasfema.
El horror en estado puro.


A Robert Holdstock se le conoce sobre todo por haber sido un prolífico escritor que se movía como pez en el agua en los géneros de la fantasía y la ciencia ficción. Bosque Mitago, su obra más célebre y laureada, es un claro ejemplo. Pero Holdstock también jugueteó con otros géneros a los que quizás no nos tenía tan acostumbrados. Con Muertes en el laberinto (The Fetch en el original) se introdujo de lleno en el terror, llevándonos a un mundo retorcido y perturbador de la mano de un niño que tiene un poder extraño y peculiar. Un niño que al principio parece solamente un chaval con una imaginación desbordante pero que, poco a poco y debido a unos hallazgos sobrecogedores que irá haciendo, los que le rodean empezarán a tomárselo más en serio.


Muertes en el laberinto toma un poco de aquellos mundos sobrecogedores y retorcidos que Lovecraft imaginó. Bebe de aquellos terrores a monstruos primigenios y a lugares inimaginables para la mente humana. Oscuridad, monstruos que se agazapan tras rocas formadas por pizarra, lugares decrépitos y abandonados, restos de objetos o personas que pertenecen a otra época y toneladas de tierra apestosa que aparece de la nada. Esta parte es la que, como pequeños guiños, me ha recordado a esos mundos de pesadillas que evocó el de Providence.  Pero Robert Holdstock, a su manera, también nos habla de las miserias humanas: la codicia (haciendo especial hincapié), el odio (llevado al extremo) hacia al que es diferente y la envidia que corroe al que la alberga en su interior. Sentimientos maquiavélicos que no son más que otros tipos de terror que también ponen los pelos de punta; debido a las situaciones que llegan a provocar en la novela.


Muertes en el laberinto es un libro con una historia sombría, de un terror difícil de definir. Un terror hacia lo que no se muestra, hacia esos miedos atávicos que el ser humano padece desde el principio de sus días, un terror que, sin poner los pelos de punta, consigue que te enganches al libro y que sientas cierto cosquilleo (o mal rollo, hablando claro) ante las escenas más angustiosas (la mayoría con el extraño niño de protagonista); y eso a pesar de ciertos altibajos que, aunque se hacen un poco incómodos y entorpecen un poco el ritmo, no consiguen, ni de lejos, que deje de funcionar todo el conjunto. Porque llegará un momento es que será inevitable que mientras leas intentes hacer tus cábalas para saber qué narices está ocurriendo y cuál es el motivo. Créeme, haz todas las conjeturas que quieras, pues no lo vas a adivinar. La conclusión de Muertes en el laberinto es tan retorcida como sobrecogedora, y deja bien claro que Robert Holdstock tenía una mente privilegiada a la hora de crear lugares insólitos y terrores indefinidos.

viernes, 23 de septiembre de 2016

5 razones para ver Narcos





4000 soldiers, tens of thousands of rounds fired, and a bunch of fucking helicopters. There was no way Pablo Escobar was getting out of this one”. Así empieza la segunda, y tan esperada, temporada de Narcos en Netflix. En el tráiler ya pudimos escuchar al agente de la DEA Sean Murphy expresando su asombro, no exento de frustración, al descubrir que, una vez más, Pablo Escobar les había dado esquinazo. Las fuerzas especiales colombianas, con ayuda de la DEA, jugando al gato y al ratón con el mayor narcotraficante de la historia: Pablo Escobar. Un tipo que llegó a amasar tanto dinero que, como no sabía qué hacer con él, simplemente lo enterraba. Un hombre que a pesar de utilizar la violencia, de utilizar los medios más sanguinarios para alcanzar sus metas, era muy querido por los sectores más humildes del pueblo colombiano. Con la serie Narcos podemos acercarnos a la figura de Pablo Escobar; tanto a los tramos verídicos de su vida como a aquellos que se han maquillado de ficción. Tal vez esto no sea suficiente para atraer vuestra atención. Es posible que penséis que esta no es vuestra serie. ¿Por qué debería, pensáis, ver esta serie? Os daré cinco razones.



1)Pablo Escobar: Interpretado por Wagner Moura, actor de origen brasileño muy célebre en su tierra que, con este papel, se ha dado a conocer (¡y de qué manera!) al mundo entero. Su interpretación es brillante, consiguiendo un Pablo con muchos matices: el Pablo familiar, el Pablo amigo de los humildes, pero también el Pablo al que hay que respetar o temer, el Pablo vanidoso y el Pablo que envejece y, ya  con la sienes salpicadas de canas, se siente agotado pero con ganas de lucha. En 2015 ya fue nominado a un globo de oro por este papel. Quién sabe, tal vez 2016 sea su, merecidísimo, año.



2)Detectives de la DEA: Una pareja de agentes compuesta por Sean Murphy (Boyd Holbrook) y Javier Peña (Pedro Pascal, al que reconoceréis por su brillante papel de Oberyn Martell en Juego de Tronos) que, aunque en un principio no acaban de encajar, poco a poco se convertirán en uña y carne. El primero, el gringo, se trasladará desde la apacible Miami, en donde está acostumbrado a tratar con hippies que trafican con marihuana, para caer en una guerra cruenta contra los narcotraficantes que manejan toneladas de cocaína. Es su voz, seca, rasposa y dura, la que va narrando los hechos mezclando seriedad con toques de sarcasmo, y que recuerda, agradablemente, al agente Art Keller de la sensacional novela de Don Winslow El poder del perro. Javier Peña es el agente que lleva más tiempo en el ajo y empieza a estar algo cansado de la cacería. A diferencia del agente Murphy, está muy acostumbrado a romper las reglas y a tener informantes de dudosa reputación que encuentra en prostíbulos o entre los propios narcotraficantes. La pareja irá evolucionando a medida que avance la trama. Para ambos se convertirá en una obsesión cazar a Pablo Escobar. Tanta tensión se rebaja de tanto en tanto con las bromas que se hacen entre ellos, el objetivo de las mayoría de chanzas es Murphy y su pobre entendimiento del idioma español.



3) Los malos son malos, pero los buenos también son malos: Cuando la caza de Pablo Escobar se vuelve el objetivo número del ejército de Colombia, todo vale. Atentos al cabronazo del militar Horacio Carrillo y a sus procedimientos de dudosa moralidad. ¡Qué gran personaje! Por no hablar de toda la corrupción que inunda todos los estratos sociales, desde periodistas que maquillan noticias hasta políticos que quieren sacar tajada. ¿La única pega? Los americanos son demasiado buenos; los inmaculados héroes, como siempre.



4)La banda sonora: Desde el tema principal que acompaña al opening (Tuyo de Rodrigo Amarante) y pasando por salsa, cumbia y hasta tangos. Todo temas latinos que en ocasiones te obligan a mover las caderas y en otras te dejan clavado al sofá por lo bien sincronizadas que está con la acción.



5) Engancha desde el principio: Es casi como si te metieras un poco de la mercancía con la que mercadeaban los narcos. Una vez empiezas no puedes parar. Una interesante historia (al estilo Breaking Bad pero sin, por desgracia, llegar a las cotas que alcanzó ésta), con buenos personajes y cargada de grandes dosis de acción que ocurren en el momento oportuno.




Cinco razones para ver Narcos, las primeras cinco que han abordado mi mente. Se me ocurren algunas más, pero para explicarlas debería destripar parte de la trama y sé que no me lo perdonaríais. Porque si hay algo peor que un narco cabreado es un seriéfilo cabreado porque alguien le hizo un spoiler de una serie. 

martes, 30 de agosto de 2016

Battling Boy



Los monstruos vagan a sus anchas por Arcópolis y se llevan a los niños a su sombrío inframundo, dejando un rastro de destrucción a su paso. Solo un hombre puede ayudarles: el justiciero Haggard West.
Por desgracia, Haggard West ha muerto.
La ciudad de Arcópolis está desahuciada pero, cuando se salvación llega bajo la forma de un semidiós de doce años, nadie está más sorprendido que el propio «chico batallador»: así llaman a Battling Boy.


Con esta escueta sinopsis se nos presenta una de las historias más originales y épicas que rondan por el mundillo del cómic desde hace un tiempo. Entremos con un poco más de detalle en el mundo de Battling Boy. Entremos en el fantástico mundo, literal y metafóricamente hablando, que Paul Pope ha creado. Arcópolis es una ciudad gigantesca; realmente tiene el tamaño de un país. Y sus gentes vivirían tranquilas de no ser por toda esa cantidad de monstruos que, como una organización mafiosa, pero a lo bestia, les hace la vida imposible. Por suerte tienen un superhéroe que cada dos por tres les saca las castañas del fuego: Haggard West. Él era como una especie de Batman, pero con vestimenta estilo Rocketeer, y digo era porque los monstruos de Arcópolis han conseguido lo que desde hace mucho tiempo vienen intentando con cierto tesón: matarlo. Aurora West, su hija, ha prometido venganza, pero por el momento, sin nadie que se lo impida, la ciudad empieza a ser asediada por los monstruos. Cuando Arcópolis está más indefensa que nunca, justo cuando su ejército se está enfrentando a unos de los monstruos más poderosos, un chico llega del cielo y les salva. Battling Boy, el chico batallador, acaba de hacer acto de presencia, ¡y de qué manera!



Paul Pope, dibujante y guionista americano, tiene un curioso estilo en cuanto al dibujo se refiere. Mucho más cercano al cómic europeo (y a las obras de Hugo Pratt en especial) que al americano pero con la capacidad de mezclar ambos estilos y hasta de añadir sutiles notas de manga. Su trazo es impulsivo y nervioso, digno de alguien que sufre el baile de san vito. Labios turgentes, narices respingonas, cuerpos delgaduchos y en ocasiones desgarbados, pero todos, completamente todos esos personajes visten curiosas y realistas vestimentas. Mirad a Battlin Boy si no me creéis. ¡Es una estrella del pop! ¿Y Haggard West? Parece que en su fondo de armario haya ropajes de los años 40 a los 70. Paul Pope sabe vestir a sus personajes, bien. Da  mucha importancia a la ropa (atentos a las camisetas del protagonista), perfecto. Pero además sabe cómo dotar de movimientos a esos personajes y a su ropa. Saltos, puñetazos, cabriolas variadas; todos con naturalidad, con suavidad, sin movimientos forzados. Y en Battling Boy, que hay bastante acción, os hartaréis de contemplar bonitas viñetas en las que el protagonista hace elenco de sus mejores movimientos de combate. Del dibujo, pues, no hay quejas. 


¿Del guion? Menos. La historia derrocha imaginación y aúna géneros tan variados como las historias épicas de dioses (griegos, romanos, nórdicos), ciencia ficción (en especial SteamPunk) fantasía (mirad todos esos monstruos que rondan por ahí) y como no, superhéroes (Batman sobretodo). Pero además de esto Pope habla del duro trance que es pasar de niño a adulto. Al final la mezcla es altamente explosiva y adictiva como una droga. Las páginas de este primer número vuelan y no mucho rato después estaréis deseando leer la segunda parte o, como mínimo, releer este Battling Boy

viernes, 19 de agosto de 2016

Stranger Things



Por si no te habías dado cuenta, por si vives recluido en una cueva, o simplemente porque eres un monumental despistado, los 80 han vuelto para quedarse. Cardados imposibles, hombreras, zapatillas desgastadas, camisetas horteras, videojuegos retro, bicicletas BH o bmx,  etcétera. Y esto, la vuelta de la era más prolífica de todos los tiempos (o eso decimos todos los que la vivimos), no solo lo sabemos tú y yo, si no que la industria del cine, la literatura o los videjuegos también se ha dado cuenta. Libros como Yo fui a EGB no dejan de venderse como churros y ya van por la tercera entrega. En el cine J.J. Abrams y Steven Spielberg, con mayor o menor acierto, nos trajeron Super 8;  eso sin tener en cuenta la infinidad de remakes y reboots que se están haciendo pertenecientes a esa época. Y luego las marcas que dominan el cotarro en el sector del videojuego, que no querían quedarse atrás, ya han recuperado muchos clásicos de las 8bits y algunas compañías ya están barajando sacar al mercado consolas de ese periodo. Así pues, faltaba la televisión. Esa televisión que está viviendo la edad dorada de las series. 
Stranger Things es la serie del momento, del verano y me arriesgo a decir que del año. Una sorpresa que, precedida por un tráiler corto que ya dejaba con los dientes largos, era difícil de prever.



Stranger Things es una oda al cine de los años 80 creada por los hermanos Duffer para Netflix. Un bello y funcional pastiche de todo aquel cine que triunfó por aquel entonces. Tras visionarla me han venido a la mente grandes títulos como: E.T., Alien, Encuentros en la tercera fase, Poltergeist, Pesadilla en Elm Street, Tiburón, Los Goonies o Silent Hill. Vale, este último título pertenece más al mundo de los videojuegos y no es de los años 80, pero no podía dejar de pensar en el pueblecito corrompido y oxidado de Silent Hill y las semejanzas con el, en un principio, tranquilo pueblo de Hawkins y las cosas de difícil explicación que ocurren en su comunidad.
Stranger Things no descuida nada, y además de tener unos grandes actores, con Winona Ryder o Matthew Modine como las caras más conocidas, nos ofrece una brillante banda sonora repleta de sintetizadores que de un buen empellón te devuelven a los 80.




Ahora os debéis estar pregunta que de qué va Stranger Things, y la verdad es que es mejor visionarla sin saber nada de ella, sin tener prejuicios, ni si quiera por el tráiler (que sí encontrareis más abajo). Pero aun así, y como me veo en la obligación, haré una escueta sinopsis: Hawkins es el lugar en el que transcurre toda la acción. Una noche de 1983, y tras una partida al juego de rol Dragones y Mazmorras, unos muchachos se despiden para, cada uno, y pedaleando sobre sus bicicletas, volver a casa. Uno de ellos esa noche desaparecerá sin dejar ningún rastro. Al poco quien aparece es una niña con unas habilidades muy peculiares y que solo responde al nombre de Once. A partir de aquí todo se desmadra y asistiréis a una aventura que al principio parece enfocada a un público juvenil, pero a medida que avanza, se va destapando la  trama y la serie se hace más oscura, deja bien claro que es una serie adulta, que aúna aventuras, ciencia ficción, fantasía y terror, que no debes perderte.